Tomado de
GENTE QUE LEYÓ EL EVANGELIO Y LO ENTENDIÓEntre las tiendas de Sol también hay jóvenes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Juventud Estudiante Católica (JEC), movimientos vinculados a Acción Católica. Clara Rodríguez, presidenta de la JEC, y Alex Bernet, del secretariado de la JOC, llegaron el martes después de participar en Elche en una campaña sobre vivienda bajo el lema «Defender nuestro derecho: todas bajo un techo». Plantaron su tienda y se quedaron a dormir con el resto. Su explicación desmonta bastante caricatura: «Nuestra fe nos mueve a no quedarnos quietos», dice Clara. Alex lo resume todavía más claro: «El seguimiento de Jesús no se entiende sin llevar la fe a la vida».
Y van bastante más lejos que la estampita. La JOC lleva meses denunciando que los jóvenes trabajadores no pueden emanciparse por culpa de los alquileres y sostiene que la vivienda se ha convertido en una mercancía que condiciona toda su vida. En Sol, Bernet compara directamente el negocio inmobiliario con los mercaderes del templo: recuerda que Jesús los expulsó porque no debía hacerse negocio con aquello que consideraba sagrado y enlaza esa escena con caseros y empresas que extraen rentas de una necesidad básica. Mientras Ayuso habla de una acampada ilegal y grupos ultras han llamado «piojosos» a quienes duermen allí, estos chavales rezan, trabajan, estudian y acampan por el derecho a la vivienda.
Esto es lo que está haciendo tanto daño al relato prefabricado sobre Sol. El joven vago, el perroflauta subvencionado, el antisistema que odia España, el ateo rabioso, el que no quiere trabajar. Vas rascando y aparecen trabajadores, estudiantes, sindicalistas, jubilados, cristianos y chavales que al amanecer recogen el saco para irse al curro.
Hasta Jesús les ha salido inquilino.
A más de uno se le va a quedar pequeña la caja donde llevaba días intentando meter a toda una generación.
