LA MAGNíFICA REALIDAD
Resumen
Análisis y elogio de la “Magnífica humanidad“ de León XIV. Valoración de su valentía y de la necesidad del documento. Para el papa el transhumanismo y la creación de una nueva especie son una amenaza que puede resolverse mediante la permanencia en la fe y el control democrático. La dignidad humana es el valor absoluto fundado en nuestra semejanza con Dios. Estas propuestas sin embargo quedan limitadas para los no creyentes por quedar ligadas a un esquema clásico, teísta y creacionista. Se propone por tanto otra comprensión simbólica de lo divino frente al particularismo y el literalismo, a la vez que se funda la dignidad en la misma realdad. La humanidad y el mismo Dios son intrínsecos a la “Magnífica realidad”. Se anima a una convención universal de esperanza y una conspiración frente al nuevo poder tecnocrático.
El valor divino de lo humano o el vsalor humano de lo divino.
La divinidad deja de ser vista como un agente externo, omnipotente y omnisciente que gobierna el curso histórico, para convertirse en un símbolo regulador de amplio contenido semántico que expresa la profundidad de la realidad y la dignidad intrínseca de cada ser
La espiritualidad posteísta no se presenta como una apostasía de lo sagradoLa divinidad se vuelve
un modo de nombrar la profundidad y el misterio de lo real.
Dios es comprendido como un símbolo de la profundidad del ser, no como una entidad
El fundamento general de toda la encíclica radica en la dignidad que tenemos los seres humanos por haber sido creados por Dios a su imagen y semejanza.
A pesar de este anclaje dogmático, la encíclica desplaza con acierto el énfasis principal de su argumentación hacia la dignidad humana.
Bajo esta perspectiva hermenéutica, la afirmación doctrinal de que el ser humano es imagen de Dios puede ser despojada de su literalidad para interpretarse como una metáfora radical que expresa la dignidad intrínseca, la autonomía y la capacidad creativa de la humanidad.
¿qué forma de humanidad está emergiendo de esta interacción tecnológica y cómo se puede orientar dicha transformación hacia el crecimiento del amor social, la expansión de la conciencia y la comunión solidaria?
Es momento ahora de abrirse a otras culturas, de optar por la ciencia y la poética como bases de la fe y de andar sobre las aguas en el mar de la auto creatividad y de la universalidad simbólica y motivadora, de catalizar la evolución creadora como verdadera historia sagrada.
La esperanza no define, invita, enamora. Si la Iglesia quiere ser universal tiene que dejar abierta su doctrina y sus liturgias, centrándose en optimizar la común y magnífica realidad.