miércoles, 30 de septiembre de 2026

 

¿Desahuciar a Argüello?


"Cargados de paciencia, los cristianos seguimos esperando. Pero, mientras tanto, nos sumaremos a esas iniciativas ciudadanas que, desde la aconfesionalidad, sí están demostrando la solidaridad y la humanidad evangélica que la Iglesia española, anclada en la vieja inercia de sus siglos de gloria, no ha sido capaz de demostrar hasta ahora"


Muchos creyentes, bien cargados de paciencia y de misericordia, pedimos a la Conferencia Episcopal que reconstruya la credibilidad perdida con un compromiso más decidido por el Evangelio, que reconduzca la ideología reaccionaria e inflamable de sus medios de comunicación, que abra ejemplarmente sus inmuebles a las necesidades sociales y que las mitras y los báculos y las cruces pectorales estén más presentes en la agitación de las calles, al lado de los que sufren



jueves, 24 de septiembre de 2026


Cuando el hogar se convierte en cruz: una mirada evangélica al desahucio de Maricarmen

José Carlos Enríquez Díaz
23 sep 2026

El desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, enferma y vulnerable, no es solo una noticia más dentro de la crisis de la vivienda en España. Es, ante todo, un signo de los tiempos. Un espejo incómodo que refleja hasta qué punto nuestra sociedad ha perdido el sentido evangélico de la justicia, la compasión y la dignidad humana.




martes, 22 de septiembre de 2026

A través de las redes nos llega esta opinión
sobre la migración,  más es concreto
sobre lo ocurrido en Ceuta.
Al margen de que no se esté de acuerdo
con aspectos de lo que se expresa, no
podemos negar que el trasfondo
rezuma un cierto cariz evangélico,
o humanitario si se prefiere

 La inmigración solo interesa cuando sirve para generar miedo, no cuando obliga a hablar de derechos, explotación o desigualdad.

“Yo también soy migrante, sí; migrante televisivo. El insoportable olor a indecencia informativa.

La pregunta es incómoda por lo evidente: ¿por qué Carlos Herrera en COPE, Susanna Griso en Antena 3, Ana Rosa Quintana en Telecinco o Iker Jiménez en Cuatro abren sus programas con imágenes de migrantes entrando en Ceuta, pero nunca muestran a esos mismos migrantes trabajando en los campos de Huelva, en los invernaderos de Almería o invisibilizados en la transformación demográfica de Mallorca y Canarias?

La respuesta es sencilla: la inmigración solo interesa cuando sirve para generar miedo, no cuando obliga a hablar de derechos, explotación o desigualdad.

Ceuta es el escenario perfecto para fabricar alarma. La frontera se convierte en espectáculo: un teatro donde se representa la obra favorita de ciertos medios, la del “ellos” que llega y el “nosotros” supuestamente amenazado.

Cada llegada se dramatiza y se exagera hasta convertirla en crisis nacional. No se informa: se amplifica. No se contextualiza: se utiliza como munición política.

El migrante aparece solo cuando encaja en el papel de amenaza, nunca cuando encaja en el de trabajador.

Si las cámaras se desplazaran a Huelva o Almería, el relato se vendría abajo.

Allí miles de migrantes sostienen la agricultura española con jornadas interminables, salarios precarios y chabolas sin agua ni luz.

Allí no hay invasión: hay explotación. Allí no hay alarma: hay dependencia económica.

Mostrar esa realidad obligaría a hablar de responsabilidad empresarial, de políticas públicas y de derechos laborales.

Humanizaría a quienes en Ceuta se presentan como problema. Por eso Huelva no existe en el mapa mediático que estos comunicadores alimentan cada mañana.

Mientras tanto, se repite el discurso de que ciertos migrantes “no se integran”, “no hablan el idioma” o “quieren imponer su cultura”.

Un discurso automático, casi mecánico. Pero la realidad es mucho más irónica.

Llevo dieciséis años viviendo en una urbanización levantada durante el boom inmobiliario, pensada casi exclusivamente para extranjeros, sobre todo británicos.

Ellos no la llaman por su nombre oficial, “Pinada…”, sino “La Pequeña Inglaterra”.

Y el apodo no es inocente: es una frontera cultural con bandera incluida.

No hablan castellano, no intentan aprenderlo, mantienen horarios, costumbres, bares y fiestas británicas.

Viven en España, pero no viven con España. Y, sin embargo, nadie les exige integración. No hay tertulias indignadas, ni reportajes alarmistas, ni debates sobre su falta de adaptación.

Lo mismo ocurre en Palma de Mallorca, donde los alemanes compran barrios enteros y viven como si la isla fuera una extensión de Baviera.

O en Canarias, donde ingleses y nórdicos mantienen sus burbujas culturales sin mezclarse ni aprender el idioma.

Y, de nuevo, ningún medio convierte eso en problema. No sirve para generar miedo, así que no existe en televisión.

En cambio, cada mañana veo a quienes barren nuestras calles —muchos de ellos marroquíes— saludando en castellano, esforzándose por comunicarse y convivir.

La experiencia cotidiana desmonta por completo el discurso mediático: los que supuestamente “no se integran” son, en muchos casos, quienes más lo intentan. Y quienes viven aislados en burbujas impermeables son precisamente aquellos que nunca aparecen en los debates sobre integración.

La integración no depende del origen ni del color de piel: depende de la actitud y de la voluntad de convivir. Pero los medios solo señalan a quienes encajan en el relato del miedo.

Lo mismo ocurre en Mallorca: la verdadera ocupación no la protagonizan migrantes pobres, sino europeos con alto poder adquisitivo que compran viviendas a precios inalcanzables, expulsan a residentes y convierten la isla en un parque temático para ricos.

Pero esa ocupación no aparece en los programas matinales. Hablar de ella implicaría cuestionar un modelo económico basado en turismo, especulación y privilegios. Implicaría criticar a quienes tienen poder, no a quienes llegan sin nada.

- La selección mediática es ideológica.
- Se muestra al migrante cuando llega a nado, nunca cuando trabaja.
- Se muestra la frontera cuando hay drama, nunca cuando hay explotación.
- Se muestra la “invasión” de pobres, nunca la ocupación de ricos.

Por eso Ceuta sí y Huelva no. Ceuta sí y Mallorca no.
Ceuta permite fabricar alarma; Huelva y Mallorca obligan a hablar de derechos y desigualdad.
Ceuta es espectáculo. Huelva y Mallorca son realidad.

Y en ciertos medios, la realidad solo importa cuando refuerza un relato, nunca cuando lo cuestiona.”

miércoles, 16 de septiembre de 2026




Mensaje final del 45 Congreso de teólogas y teólogos 'Juan XXIII'

Asociación de Teólogos y Teólogas 'Juan XXIII'

Del 11 al 13 de septiembre de 2026 hemos celebrado el 45 Congreso de Teología sobre CREAR COMUNIDAD, CONSTRUIR CIUDADANÍA, convocado por la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII con participantes de diferentes países y continentes. En él hemos hecho una reflexión interdisciplinar sobre el tema con el apoyo de especialistas en ecología, sociología, antropología, filosofía, teología, ciencias políticas y jurídicas y hermenéutica bíblica, y las intervenciones de las personas participantes. Estas son las conclusiones.

1. Estamos viviendo una creciente fragmentación social, una desigualdad económica cada vez más profunda, una crisis de la ciudadanía y una destrucción de los lazos comunitarios tanto en la sociedad como en las religiones y, muy especialmente en el cristianismo.

2. En el Estado capitalista la ciudadanía es exclusiva y excluyente. Incluso en las sociedades democráticas no es un derecho igualitario, sino una mercancía que se hereda o se otorga, se compra y se vende a un precio muy alto, incluso pagándolo con la vida. El capitalismo está en guerra contra los vínculos humanos y las relaciones con la naturaleza y, por tanto, contra la vida, y opera con una lógica sacrificial.

3. El cristianismo institucional tiende a configurarse como una estructura jerárquico-piramidal, patriarcal y clerical, ha perdido los lazos comunitarios fraterno-sororales de sus orígenes y no fomenta el nacimiento y desarrollo de comunidades abiertas, participativas y respetuosas de las diferencias, como tampoco una ciudadanía crítica y activa.

4. Como alternativa, el Congreso de Teología propone una ciudadanía cosmopolita intercultural, interreligiosa, interétnica, inclusiva de las diferencias, cuyas raíces no se conviertan en muros, cuyas identidades no se transformen en fronteras morales y donde lo lejano forme parte de nuestras vidas.

5 Defendemos una ciudadanía formada por comunidades concretas que se reconocen como parte de una humanidad común y no discriminan por razones étnico-culturales, religiosas, nacionales, de clase social, género o identidad afectivo sexual. Una ciudadanía como garantía del derecho a tener derechos y unas comunidades como comunión en la diferencia que se reconocen como iguales.

6. No habrá comunidades verdaderas sin reconocimiento de la pluralidad, ni sociedad igualitaria sin protección de las diferencias. La apuesta por una comunidad plural es la única compatible con la dignidad humana y con el impulso evangélico de una fraternidad-sororidad universal.
7. Necesitamos poner en pie la vida, recomponer los vínculos afectivos, fomentar una cultura del amor basada en la responsabilidad social, llevar a cabo una transición social justa y construir un sistema público de cuidados.

8. Si Dios es relación, la Trinidad es comunión de personas y la comunidad cristiana nace de la fraternidad-sororidad de personas diferentes, la fe cristiana debe impulsar prácticas de hospitalidad, reconocimiento, cuidado mutuo y justicia. Asimismo, debe traducirse en solidaridad con quienes quedan en los márgenes de la ciudadanía: personas migrantes y refugiadas, pueblos sin Estado, mujeres discriminadas, colectivos empobrecidos, personas LGTBIQ+ perseguidas, minorías étnicas y religiosas y clases sociales explotadas.

9. Es necesario reconstruir un cristianismo comunitario que tenga su base en varias experiencias del cristianismo originario:

- el movimiento de Jesús como comunidad de iguales en el que las mujeres tuvieron un protagonismo en la solidaridad desde abajo;
- el Buen Samaritano, que convirtió a la persona malherida diferente en prójimo y practicó con ella la compasión;
- Pentecostés como experiencia de comunidad plural sin homogeneización;
- la experiencia de las comunidades de Jerusalén cuyo ideal era poner en común los bienes el compartir
- las comunidades de Pablo de Tarso donde se pretendía eliminar la discriminación entre hombres y mujeres, judíos y gentiles, esclavos y libres y las mujeres ejercían el liderazgo.

13 de septiembre de 2026.