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domingo, 26 de julio de 2026
martes, 2 de junio de 2026
Carta abierta de la Revuelta de Mujeres al Papa: "Si alzamos la mirada hacia la Iglesia, nos sentimos invisibles, ninguneadas, separadas, discriminadas"
Te damos la bienvenida y alzamos la mirada hacia tí a la vez que alzamos nuestra voz en esta carta.
Te escuchamos reiteradamente llamar a la unidad. La unión entre católicos es uno de tus temas preferidos pero nosotras, las mujeres que pertenecemos a “La Revuelta de las mujeres en la Iglesia-Alcem la veu” no nos sentimos unidas a nuestros hermanos varones, sino más bien separadas por el simple hecho de ser mujeres.
Porque ese mismo bautismo, para los varones tiene unas consecuencias plenas. Les da la opción a participar, de forma íntegra, en los 7 sacramentos, colocándolos en una jerarquía, por encima de la mitad de la humanidad. Y para nosotras, las mujeres, por el simple hecho de serlo, hay un sacramento vetado, el del orden. A los otros, excluyendo el sacramento del matrimonio, solo podemos optar de forma parcial, únicamente en calidad de “oyentes”: los podemos recibir pero no administrar.
El bautismo, nos une a Cristo en igualdad de pertenencia y carismas al convertirnos a todos en Hijos e Hijas de Dixs. Esa es la verdadera unión de todas las personas bautizadas: la filiación a un Dixs Padre-Madre, y la fraternidad con los hermanos y hermanas. Pero en la Iglesia, no se da.
Así que nosotras, mujeres de “La Revuelta en la Iglesia-Alcem la veu”, que estamos en el margen del camino elcesial, heridas por la falta de reconocimiento en igualdad de los dones de nuestro bautismo, te pedimos que alces la mirada, que nos mires de verdad, que veas a todas las mujeres que trabajamos por nuestra Iglesia y para la construcción del Reino de Dixs. Que nos mires y que nos veas con los mismos ojos con los que nos sentimos miradas por Jesús, el que pasó por la vida haciendo el bien. Y como el buen samaritano, hagas algo: repares los daños, te impliques en la restitución del lugar al que estamos llamadas como hijas de un mismo Dixs y, no pongas excusas ni pases de largo ante nuestras heridas como lo hicieron el levita y el sacerdote.
Unidas en oración a toda la Iglesia, seguiremos alzando nuestra voz, “Hasta que la igualdad sea costumbre en la Iglesia”.
Revuelta de las mujeres en la Iglesia-Alcem la veu de:
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Zaragoza
sábado, 23 de mayo de 2026
Tomado de
Mercedes Navarro: «La Iglesia católica es la institución más machista del mundo occidental»
La Biblia y las mujeres es un magno proyecto que acaba de concluir, un trabajo ecuménico y multidisciplinar que ha estudiado el tratamiento de las figuras femeninas en la Biblia y la recepción que las Iglesias han hecho de esas figuras. La directora para el área hispana de esta obra, que publica la editorial Verbo Divino, ha sido Mercedes Navarro, mercedaria, doctora en Psicología y Teología, y cofundadora y expresidenta de la Asociación de Teólogas Españolas. Ella acaba además de publicar un nuevo libro.
Acabas de publicar Violentas y violentadas, sobre las mujeres y la violencia en la Biblia. Resulta que no somos solo víctimas sino también victimarias…
Así es. La Biblia muestra a los seres humanos como seres complejos, con lo mejor de su humanidad y también, en muchas ocasiones, con lo peor. Muestra así a los varones y a las mujeres, aunque se han dado a conocer más los diferentes ángulos de ellos que los de ellas. A menudo, las dos facetas de víctimas y victimarias forman parte de los mismos personajes. He tratado algunas en el libro (Sara, Agar…), pero hay más que han quedado fuera.
De todas formas, el patriarcado se ha ensañado con las victimarias, cosa que no ha hecho ni hace con los victimarios. Por ejemplo, Herodías y Herodes, a pesar de que históricamente sabemos mucho más de las tropelías y crueldades de él, que de las de ella. No pretendo, obviamente, excusar ninguna violencia, venga de hombres o de mujeres, sino llamar la atención sobre el modo en que, dependiendo del sexo, las recibimos y transmitimos. Es, cuando menos, injusto y sexista.
Pero hay menos mujeres violentas que figuras masculinas violentas, ¿es porque la violencia está asociada con frecuencia al poder y ellas tenían menos poder?
Hablando en general, en la Biblia hay bastante menos mujeres que varones, no solo en lo relativo a la violencia. Hemos necesitado casi tres generaciones de estudiosas para descubrir y dar a conocer a las mujeres que hay en la Biblia. Muchas menos que varones, pero muchas más de las que nos han contado.
Al dato se puede añadir, como dices, la asociación con el poder. Si hablamos de poder político y también religioso, que en una inmensa mayoría está en manos masculinas, es raro no encontrar asociado el ejercicio de la violencia, sobre todo en la Biblia hebrea. En los evangelios, los narradores muestran un vivo contraste en la alternativa de Jesús a una determinada forma de ejercer el poder y en su postura frente a la violencia asociada con los líderes políticos y religiosos.
Algunas lecturas resultan intolerables por el nivel de crueldad e indiferencia hacia la mujer que revelan: mujeres ofrecidas como recompensa por sus maridos, descuartizadas… ¿Deberíamos prescindir de esos textos?
Al descubrir y estudiar Jueces, 19 (la mujer del levita), recibí un tremendo impacto y mi pregunta fue distinta a la tuya. Me pregunté cómo es que este texto no aparece en ningún lado, ¿qué censura hay para que todo el mundo no sepa que existe y que revuelve las entrañas?, ¿qué consecuencias puede tener para mujeres y varones conocer un texto como este?, ¿podemos responder “Palabra de Dios” si se diera el caso de que se proclamara en la liturgia?
Muchas biblistas feministas se sintieron obligadas a revisar a fondo la cuestión del canon, y del “canon dentro del canon” (los textos que no deben leerse en la liturgia, en público, “a pelo”, es decir, sin explicación y debate). El revulsivo que han producido este y otros textos bíblicos ha espoleado en las biblistas feministas las ganas de estudiarlos a fondo, de hacerlo con la categoría analítica de género y contarlo, difundirlo.
¿Por qué las figuras femeninas de la Biblia son menos conocidas en el cristianismo que las grandes figuras masculinas?
Me parece obvio: por el marco patriarcal eclesiástico cristiano y el ejercicio machista del clero en la difusión de la Biblia. En la iglesia católica ha sido y es mucho más claro que en el contexto protestante. No debemos olvidar que hasta hace muy poco las mujeres en España teníamos prohibido leer la Biblia. Siendo adolescente, cuando yo leía todo lo que caía en mis manos, mi párroco me prohibió leer buena parte del Antiguo Testamento.
Tenemos una pobrísima tradición bíblica. En la escuela se enseñaba la Historia Sagrada, un compendio de historias de personajes y aventuras bíblicas que resultaba, al menos, distraído e interesante. Las mujeres que aparecían en ella eran las llamadas mujeres fuertes de la Biblia: Judit, Ester, la madre de los Macabeos, Rut… pocas más.
Gracias a la historia sagrada tuvimos una cultura básica general que nos ayudó a familiarizarnos con el arte. Todas estas figuras eran narradas con trazos gruesos y, pese a su fuerza, las vestían de feminidad (según los estereotipos femeninos). Y las malvadas eran muy malas, como Eva y Dalila. Y no importaba si esos relatos eran fieles o no a los textos.
El propósito era político. Fue una difusión tan exitosa que dura todavía en las generaciones más mayores. En las de cuarenta para abajo la ignorancia es casi total. No hay manera de devolver a la mayoría de las mujeres bíblicas sus rasgos, aquellos que aparecen en los textos. Esta resistencia (incluidas muchas mujeres feministas) explica en parte que la mayoría de las teólogas feministas sean biblistas.
jueves, 19 de marzo de 2026
Los Premios Avanzadoras reconocen el trabajo y la valentía de mujeres que mejoran el mundo borrando fronteras
Le han dado el premio a Carolina García de las trabajadoras de hogar y del comite Oscar romero, al lado de otras mujeres entre ellas a Elena Malero, dedicada en cuerpo y alma a defender los derechos humanos de las personas migrantes que se juegan la vida en las fronteras entre África y Europa.domingo, 8 de marzo de 2026
Tomado de Religión Digital
8 de marzo, conmemoración del día de la mujer: tiempo de no bajar la guardia
.../...
Sería bueno preguntarnos a fondo, de qué lado queremos estar. Y si somos personas creyentes, preguntarnos si nuestra fe nos desinstala y nos permite el juicio crítico que tuvo el mismo Jesús sobre la sociedad de su tiempo y que tantas otras personas a lo largo de la historia han sabido mantener e incluso dar la vida por esta causa, luchando por su transformación. Porque no lo olvidemos: Jesús en la sociedad patriarcal de su tiempo, se relacionó con las mujeres de igual a igual (mujer samaritana), las ayudó a superar las exclusiones que las mantenían en un segundo lugar (hemorroísa, mujer encorvada, siriofenicia, etc.) y las llamó a integrar su comunidad como verdaderas discípulas, haciendo a una de ellas -María Magdalena- la primera testiga de su resurrección.
.../...
Es tiempo de no bajar la guardia, empujando la transformación de la sociedad patriarcal porque todos -mujeres y varones- tenemos derecho a vivir en una sociedad sin exclusiones de ningún tipo y, mucho menos en razón del sexo. Y, por supuesto, seguir luchando porque también en la Iglesia esa igualdad sea una realidad. Se han dado pasos y son de celebrar, pero mientras persistan lugares, funciones y ministerios, negados a las mujeres, no es real la igualdad fundamental y el testimonio eclesial no puede ser creíble.
miércoles, 18 de febrero de 2026
Mujeres a imagen de la Divinidad:
teología desde las entrañas
No puede haber verdadera Cuaresma sin escuchar el grito de las mujeres. Y ese grito no es abstracto: tiene cuerpos, historias, nombres y territorios marcados por la violencia y la desigualdad estructural. Cuando el morado litúrgico coincide con el morado feminista, no estamos ante una mera coincidencia cromática, sino ante un signo de los tiempos que interpela a la Iglesia.
Significado del color morado: tradición y feminismo. Morado litúrgico: en la tradición católica simboliza penitencia, introspección, preparación para la Pascua y conversión del corazón. Es color de solemnidad, de reflexión y de esperanza en la misericordia de Dios.
Morado feminista: re-significado por el movimiento de mujeres, expresa denuncia activa, resistencia frente a la opresión, memoria de mujeres silenciadas y compromiso por la justicia.
El encuentro de ambos nos llama a conjugar espiritualidad y transformación social.
Cuaresma: ceniza y memoria
La Cuaresma comienza con ceniza. La ceniza recuerda fragilidad, límite, finitud. Pero también recuerda incendio: algo ardió antes de convertirse en polvo. ¿Qué ha ardido en la historia de las mujeres? Han ardido sus cuerpos en hogueras simbólicas y reales; ha ardido su palabra silenciada; ha ardido su credibilidad negada. La ceniza en la frente, en clave feminista, puede leerse como memoria de vidas consumidas por la violencia patriarcal.
Preguntas para la conversión comunitaria
El cruce de fechas nos interpela:
¿De qué debemos convertirnos como Iglesia cuando el morado feminista y el morado cuaresmal se encuentran?
No basta la conversión individual si las estructuras eclesiales siguen reproduciendo exclusiones. La Cuaresma es, en su raíz bíblica, un tiempo de retorno a la justicia de Dios. Y la justicia de Dios siempre tiene rostro histórico.
El pecado, en perspectiva feminista, no es solo transgresión moral individual. Es sistema, cultura, estructura, normalización de la desigualdad. El camino cuaresmal hacia la Pascua debe atravesar el desmontaje de aquello que produce muerte.
El morado feminista grita:
“¡Ni una más!”
El morado cuaresmal susurra:
“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”
Ambos colores, leídos juntos, forman una sola proclamación:
No hay Buena Noticia mientras continúe la violencia contra las mujeres.
Contextos que claman justicia: Gaza: niñas y niños huérfanos, mutilados, asesinados; madres que buscan entre los escombros los cuerpos de sus hijas e hijos; periodistas y activistas silenciados; médicas, médicos y enfermeras que curan sin descanso bajo las bombas. Gaza muestra la brutalidad que clama justicia y la urgencia de la Buena Noticia de Dios en medio del sufrimiento.
Comunidad de Migrantes en Estados Unidos: familias enteras viven encarceladas en sus propias casas, con miedo de salir al hospital, a la escuela o al supermercado sin ser detenidas por ICE. Sin embargo, surge comunidad: mujeres que organizan redes de apoyo, que cocinan, empacan, entregan y cuidan; ciudadanos y ciudadanas que cubren con sus cuerpos a quienes son perseguidos. Esa es la mística del Reino: proteger la vida cuando el poder la amenaza.
Groenlandia: territorio vivo y sagrado, habitado por pueblos que viven en armonía con la naturaleza. Jóvenes, mujeres y comunidades indígenas han alzado la voz para mostrar que su bienestar nace del equilibrio con la tierra, el agua, el hielo, los animales y el viento. Esta forma de vida encarna lo que el papa Francisco llama cuidado de la casa común y enfrenta amenazas extractivistas y coloniales.
Escándalo mundial de pederastia y caso Epstein: sobrevivientes niñas y adolescentes, han denunciado cómo la complicidad y el silencio institucional protegieron a los poderosos. Sus voces son proféticas: el pecado estructural tiene nombres y lugares, y la esperanza se construye cuando se les reconoce, escucha y acompaña.
Cuba: las sanciones prolongadas por décadas, la amenaza de aranceles a los países que le venden petróleo, la falta de electricidad han hecho que hospitales y escuelas dejen de funcionar, afectando a toda la población. La situación constituye una forma de genocidio económico y social. Sin embargo, las comunidades resisten sostienen la vida a pesar de la escasez, mostrando solidaridad y resiliencia.
La razón de nuestra esperanza : Nace en las madres buscadoras de México , de Argentina de toda América Latina de ayer y de hoy.
Nace en las mujeres que sostienen la vida en silencio.
Nace en quienes se niegan a obedecer órdenes injustas de Trump
Nace en cada gesto que pone la dignidad humana por encima del poder y comparte procesos de liberación para bajar de la Cruz a las y los crucificados de hoy, y proclamar después de Cuaresma una verdadera Pascua.
María y el Magníficat
El Magníficat (Lc 1,46-55) canta la justicia, derriba a los poderosos y eleva a los humildes. Su corazón creyente, abierto a la Ruah, inspira la misma esperanza que nos llama hoy: reconocer los signos de los tiempos y actuar para que la Buena Noticia sea visible en la vida de las y los oprimidos.
El Magníficat es un mapa espiritual para los tiempos oscuros.
Es un llamado a encarnar la esperanza, a luchar por la justicia, a acompañar a mujeres migrantes, enfermas, desplazadas, violentadas, empobrecidas, silenciadas o invadidas en su territorio. Es un canto para quienes sostienen la vida aun con lágrimas en los ojos. El Magníficat nos invita a poner el cuerpo, a hacer de nuestra vida una profecía activa y una promesa hecha gesto.
La Cuaresma es el camino que nos conduce a la Pascua, la proclamación del Kerigma, el anuncio central de la resurrección y la liberación de Dios Padre y Madre . El susurro de “conviértanse, crean y difundan la Buena Noticia” nos acompaña y nos confirma que La Pascua solo será verdadera cuando seamos capaces, como Iglesia horizontal, de hacer el Evangelio creíble en la vida y la cotidianidad de las mujeres de carne y hueso, como las madres buscadoras, las sobrevivientes de abuso y todas quienes enfrentan violencia y exclusión en Minneapolis, Groenlandia, Gaza y Cuba.
¿Cómo se distribuyen los espacios de decisión en nuestras comunidades?•¿Qué voces siguen siendo consideradas secundarias?•
¿Qué teologías hemos repetido que justifican la subordinación?•
¿Qué silencios hemos sostenido frente a abusos?
La Cuaresma, leída desde el morado feminista, se convierte en un tiempo de revisión estructural. No para culpabilizar, sino para transformar.
Que nuestro cruce de caminos —morado feminista y morado en el altar, sea un signo de los tiempos.
domingo, 25 de enero de 2026
Grupos de Euskadi, Navarra, Cantabria, Asturias y Galicia participan en el I Encuentro de la Revuelta Norte de Mujeres en la Iglesia
El sábado 17 de enero nos reunimos en Astorga 46 mujeres del Sector Norte de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. El colegio de las Escolapias acogió este primer encuentro de la que llamamos la Revuelta Norte, al que asistimos mujeres de 9 grupos, procedentes de Euskadi (Donosti, Bilbao, Vitoria), Navarra (Pamplona), Cantabria, Asturias y Galicia (Vigo, Lugo, Santiago). También se nos unieron por primera vez compañeras interesadas en promover la Revuelta en Astorga, León y Palencia.
Disfrutamos mucho de nuestro encuentro, de escuchar nuestras experiencias y nuestra forma de organizarnos, nuestros logros y dificultades y nuestros propósitos y planes de futuro para seguir consolidando y ampliando la Revuelta de Mujeres en la Iglesia.
Nos pusimos al día de las grandes líneas de trabajo de la Revuelta aprobados en el último encuentro de El Escorial, y elegimos a nuestras representantes para la coordinadora estatal: allí aceptaron generosamente representarnos tres compañeras de Vitoria, Navarra y Vigo.
Compartimos viandas traídas de la tierra y nos reímos mucho con la animación de nuestras compañeras gallegas, su acordeón, su pandereta y sus canciones. Rezamos mucho también, con preciosas oraciones muy bien preparadas y cuidadas, al comienzo y al final del encuentro, llenas de música y cantos, danza, silencio, presencia... Al final, intercambiamos unas tarjetas que contenían aquello con lo que cada una elegía quedarse de este momento privilegiado de encuentro y sororidad, el entrañable sentimiento que nos une y compacta cada vez que nos reunimos.
miércoles, 14 de enero de 2026
NEGATIVA A ORDENAR A LAS MUJERES: EL EVANGELIO SIGUE EN MARCHA, PERO LA JERARQUÍA SE HA DETENIDO
Mientras la jerarquía se atrinchera en documentos que repiten fórmulas ridículas como que el hecho de ser varón es esencial para ser ordenado, el Evangelio sigue abriéndose camino. No en los dicasterios ni en los despachos episcopales, sino en la vida concreta del Pueblo de Dios.
La declaración del Vaticano del 4 de diciembre —otra negativa a la ordenación de mujeres como diáconas y presbíteras— revela una verdad incómoda que ya no puede maquillarse: la jerarquía eclesial está detenida, inmóvil, petrificada en un modelo de poder incapaz de escuchar el Evangelio que dice defender.
Es un aparato que teme moverse porque cualquier paso podría fracturarlo. Y mientras el aparato se aferra a su rigidez, el Evangelio continúa su marcha, impulsado por comunidades vivas que no esperan permiso para responder a la gracia.
Este desfase entre una estructura paralizada y un Evangelio en movimiento es el signo más claro de la crisis que enfrenta la Iglesia católica contemporánea.
Una crisis que no nace del debate sobre la ordenación femenina, sino de la incapacidad institucional para dejar que el Espíritu circule sin miedo a desestabilizar la arquitectura patriarcal que la sostiene.
Una jerarquía enferma, detenida, temerosa y vigilada por sus propios guardianes
El rechazo de la comisión no es un acontecimiento aislado: es la expresión de un sistema eclesial bloqueado, enfermo, atrapado entre los sectores ultraconservadores que vigilan cada palabra y cada gesto, y una base creyente que clama por reconocimiento y justicia.
Se habla de sinodalidad, de discernimiento comunitario, de una Iglesia que camina junta. Pero cuando llega la hora de tomar decisiones que afectan al corazón mismo del poder clerical —como la posibilidad de abrir el ministerio sacramental a las mujeres—, la jerarquía se repliega en un miedo defensivo. No decide. No arriesga. No avanza. Está muy enferma.
Los líderes eclesiales parecen gobernar bajo un permanente estado de amenaza interna, temiendo provocar una ruptura que, paradójicamente, ya existe en la vida real de las comunidades.
La curia, sostenida por facciones ultraconservadoras que temen perder control, actúa como una cámara de presión que impide cualquier movimiento. La comisión sobre el diaconado femenino es solo el último ejemplo de cómo la institución prefiere la parálisis antes que la fidelidad al Evangelio.
El Evangelio, en cambio, no se detiene
Mientras la jerarquía se atrinchera en documentos que repiten fórmulas ridículas como que el hecho de ser varón es esencial para ser ordenado, el Evangelio sigue abriéndose camino. No en los dicasterios ni en los despachos episcopales, sino en la vida concreta del Pueblo de Dios.
Jesús no eligió como primer portador del anuncio pascual a un sacerdote varón, ni a un guardián del Templo, ni a un experto en la Ley. Eligió a una mujer. A María Magdalena.
No pidió permiso.
No consultó a una comisión.
No formó un comité para evaluar el impacto doctrinal.
Simplemente confió la misión a quien estaba allí, disponible, fiel, abierta al Espíritu.
María Magdalena, apóstola entre los apóstoles, descoloca a la jerarquía tanto ayer como hoy. Su testimonio sigue recordándonos que el Evangelio fluye en dirección contraria a las estructuras que buscan domesticarlo.
La contradicción flagrante: una jerarquía que se paraliza para no reconocer lo que ella misma sabe
La evidencia histórica sobre mujeres diáconas es abundante. Las demandas del Pueblo de Dios han sido claras en el proceso sinodal. El clamor pastoral de las comunidades es elocuente. La injusticia teológica es evidente.
¿Y cuál es la respuesta institucional?
La jerarquía teme mover una pieza del tablero porque sabe que el edificio entero tendría que replantearse. Teme que reconocer a las mujeres como sujetos sacramentales implique revisar la teología del poder, la estructura clerical, el monopolio masculino sobre el altar.
No es el Evangelio lo que bloquea a la jerarquía; es la jerarquía la que bloquea al Evangelio.
Karl Rahner ya lo había anticipado: la Iglesia del futuro será una Iglesia de pequeñas comunidades o no será
Rahner afirmó que, frente a la rigidez institucional, la Iglesia del futuro se configuraría como pequeñas comunidades de fe, espacios informales donde el Evangelio se vive antes que se reglamente. Hoy esa profecía está en pleno cumplimiento.
En todo el mundo, mujeres, personas no binarias, laicas, teólogas, líderes comunitarias y fieles comprometidos están sosteniendo comunidades donde se ora, se acompaña, se bendice, se proclama la Palabra y se celebra la vida.
Mientras la jerarquía insiste en cerrar puertas, estas comunidades las abren.
Estas redes ya están reconstruyendo desde abajo una Iglesia más cercana al movimiento de Jesús que al palacio curial.
Los movimientos de mujeres sacerdotisas, las comunidades católicas inclusivas, las redes cristianas de base son la expresión viva de un cristianismo que no está dispuesto a esperar a que Roma resuelva sus propios miedos políticos.
Una institución que teme perder control no puede escuchar al Espíritu
La Iglesia jerárquica habla del Espíritu Santo con solemnidad, pero actúa como si el Espíritu fuera un funcionario subordinado a los dicasterios. La comisión afirma no poder emitir un juicio definitivo, pero insiste en que las mujeres no pueden ser admitidas al diaconado. Es un mensaje que combina arrogancia doctrinal y profunda inseguridad institucional.
La estructura teme abrir un proceso que ya ha comenzado sin ella. Teme reconocer la autoridad espiritual que las mujeres ya ejercen. Teme legitimar un movimiento que no nació en los palacios vaticanos, sino en las periferias donde el Pueblo de Dios se juega la vida.
Los líderes eclesiales más razonables, atrapados entre lo que saben que es verdad y lo que temen admitir públicamente, se quedan inmóviles. Paralizados por el fantasma de la ruptura interna, pero incapaces de ver que la verdadera ruptura ya es la distancia entre el Evangelio y la jerarquía.
La renovación no vendrá de arriba: vendrá de abajo, como siempre
La historia de la Iglesia es clara: nunca ha sido la jerarquía la que inicia las grandes transformaciones.
No lo hizo con la liturgia.
No lo hizo con la misión.
No lo hizo con la vida religiosa.
No lo hizo con la opción por los pobres.
No lo hará con la igualdad de las mujeres.
La renovación, cuando llegue, brotará de esas comunidades informales que Rahner vislumbró: pequeñas, resistentes, creativas, conectadas por la gracia y no por la obediencia ciega.
Comunidades que ya viven el Evangelio que la institución teme proclamar. Una de estas comunidades que quiere ir por este camino renovado es la Asociación Cristianía
Abandonemos a esta jerarquía a sus contradicciones
La negativa del Vaticano no es solo un error doctrinal ni un retroceso pastoral: es la confesión de una jerarquía que ya no es capaz de guiar al Pueblo de Dios.
Un papado que teme romperse no puede liderar.
Una curia que teme perder control no puede discernir.
Una Iglesia que teme a las mujeres no puede decir que sigue al Jesús que confió todo al testimonio de una mujer.
El Evangelio sigue en marcha.
La jerarquía está detenida. Toca crear comunidades de base inclusivas en todo el mundo que caminen ya sin el lastre de unos líderes miedosos, enfermos o corruptos.
La pregunta ya no es si la jerarquía permitirá que las mujeres ejerzan el ministerio sacramental. La pregunta es cuánto tardará en reconocer lo que ya está sucediendo: que la renovación auténtica viene —una vez más— desde abajo, desde las mujeres, desde las periferias, desde el Espíritu que la jerarquía no puede domesticar.
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Un aplazamiento inaceptable (Comunicado de Redes Cristianas sobre el diaconado femenino)
Redes Cristianas se une a distintos grupos católicos de todo el mundo que muestran su decepción y desánimo ante la reciente decisión del Vaticano sobre el diaconado femenino. La cuestión sigue de nuevo aplazada ante el informe de la Comisión (5 votaron a favor, cinco en contra) encargada de estudiar esa posibilidad. La Iglesia Católica se aleja más y más de uno de los signos de los tiempos más claro en el siglo XXI: la igualdad de las mujeres a todos los efectos en relación con los hombres en la sociedad.
Esta igualdad no consiste en ensalzar a las mujeres por serlo, como escuchamos con frecuencia a miembros de la jerarquía eclesiástica, no se trata de ser mejores o peores, sencillamente se pide que se cumpla lo ya dicho por San Pablo en la Carta a los Gálatas: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.
Una de las peticiones más nítidas de los cuestionarios para el Sínodo de la Sinodalidad fue justamente la del papel de la mujer en la Iglesia. Otra vez, clara muestra de lo que significa el sensum fidelium, el sentido de los fieles.
En 1975, la Comisión Bíblica Pontificia confirmó que no había nada en la Escritura que llevara a excluir a las mujeres de la ordenación sacerdotal. Hasta el momento ningún Papa ha dado el paso para el acceso, no ya al presbiterado, sino al diaconado.
Es evidente, como recientemente ha dicho el Papa León XIV, que la inclusión de las mujeres es una cuestión cultural, y también es seguro que un paso adelante hacia el diaconado femenino causaría polémica en los sectores más conservadores de la Iglesia, pero el Evangelio nos nuestra a Jesús de Nazaret, que luchó y rompió esquemas en tantos aspectos de la sociedad de la época.
Por otro lado, la escasez cada vez mayor de sacerdotes está llevando a situaciones que no deberían ocurrir: comunidades que no pueden celebrar la Eucaristía en mucho tiempo, sacerdotes de edad avanzada que están al cargo de muchos pueblos y parroquias…¿Hacía dónde se encamina la Iglesia Católica con la puerta cerrada a las mujeres, a los laicos en general, para tantas funciones y ministerios que podrían desempeñar perfectamente, incluida la ordenación sacerdotal?
Pedimos una vez más al Papa León XIV que reconsidere ese aplazamiento que no se entiende y es inaceptable, que sitúe a la Iglesia en el siglo XXI. Igual que está haciendo con sus proclamas en favor de la paz y del desarme y a favor de los emigrantes, es urgente que en la Iglesia sea una realidad la igualdad plena entre sus miembros, como ya ocurría en los primeras comunidades cristianas y que con el devenir de la Historia, se ha perdido. Si una mujer puede ser Gobernadora de la Ciudad del Vaticano, o estar al cargo de un Dicasterio, ¿por qué no puede acceder al diaconado y al sacerdocio?
En nuestra aportación al Sínodo de la Sinodalidad, en la parte de propuestas, decíamos:
Pensamos y tenemos experiencia de que esta propuesta de Iglesia es posible:
* Si somos capaces de organizarnos como sociedad de iguales, superando en igualdad la misma formalidad democrática que ya estamos realizando en la sociedad civil. Como dejó escrito Pablo en Gálatas 3, 28 donde “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [pongamos papa-obispos-sacerdotes-laicos, varones-mujeres, LGTBI+…]. Ante esta consecuencia directa del Evangelio proclamada por Pablo, ya no se puede mantener, en el mundo de hoy, una Iglesia de clases y corporativismos donde el poder anacrónico se reparte solo entre varones y al margen de la formalidad democrática. Todo lo que puede hacer un varón en nuestras comunidades es igualmente posible y apropiado para la mujer y, por tanto, la Iglesia debe incorporar a la mujer [y a las otras personas diferentes] a todas sus funciones, tanto de reflexión, como de gobierno y de celebración.
Las comunidades cristianas populares
de Zaragoza, pertenecemos al grupo
de Redes Cristianas.
lunes, 8 de diciembre de 2025
¿Teme la Iglesia Católica a la mujer?
No hace falta leer el reciente informe de la segunda comisión de estudio sobre el diaconado femenino para concluir que la Iglesia Católica en el fondo tiene pánico de las mujeres.
Una buena interpretación de la Biblia, de la Tradición, y una sana Antropología, nos debería llevar a la conclusión que la Iglesia en el tema del Diaconado femenino está perdiendo un tren peligroso
domingo, 5 de octubre de 2025
"Quiero animar a la Iglesia a seguir creciendo en la confianza en el Evangelio", señala
Revolución en la Iglesia anglicana: Sarah Mullally, primera mujer en ser nombrada arzobispa de Canterbury
No es la primera mujer en liderar a los 95 millones de anglicanos (como se recordará, la cabeza de esta iglesia es el rey de Inglaterra, e Isabel II lo fue durante siete décadas), pero sí se convierte en la primera figura femenina en alcanzar la máxima cota jerárquica en el episcopado de la Iglesia de Inglaterra, fundada por Enrique VII en 1534
La nueva arzobispa de Canterbury tiene 63 años, está casada y es madre de dos hijos. Fue jefa de la Oficina de Enfermería y directora de experiencias con el paciente en el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido entre 1999 y 2004. Es miembro de la Cámara de los Lores
La nueva arzobispa de Canterbury reconoció la "enorme responsabilidad" que conlleva su nuevo cargo, desde el que liderará espiritualmente a todos los anglicanos, pero afirmó su "paz y confianza en que Dios me guiará"."Al responder a la llamada de Cristo a este nuevo ministerio, lo hago con el mismo espíritu de servicio a Dios y a los demás que me ha motivado desde que abracé la fe cuando era adolescente", subrayó en un texto leído tras la aceptación del cargo.
jueves, 6 de marzo de 2025
domingo, 2 de marzo de 2025
Zaragoza 2 de marzo de 2024
Manifiesto que se ha leido en todos los actos de las ciudades donde está la Revuelta de Mujeres
Somos mujeres creyentes. Vivimos con pasión el seguiento de Jesús de Nazaret en muchos grupos, parroquias, organizaciones, movimientos eclesiales y congregaciones. Estamos comprometidas con la causa de Jesús y luchamos por la renovación de la Iglesia y la transformación social desde la perspectiva de las mujeres
Alzamos la voz y nos manifestamos porque vivimos una profunda discriminación en la Iglesia y ha llegado el momento de decir “¡Basta ya!”. Ni podemos ni queremos callarnos. Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismo que percibimos a diario, por eso:
Queremos denunciar las múltiples formas de injusticia e invisibilización que sufrimos en la Iglesia. La institución, con su estructura y organización, está quedando al margen de las conquistas sociales en igualdad y corresponsabilidad y está cometiendo un error.
Reivindicamos la necesidad de un cambio imprescindible: el acceso al diaconado y al presbiterado femenino, para atender a las comunidades cristianas. Denunciamos la desproporción entre el número de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades de Teología y en otros puestos de responsabilidad.
Queremos hacer visible nuestro trabajo incansable y gratuito. Las mujeres somos mayoría aplastante en el voluntariado, en las celebraciones religiosas, en catequesis, en pastoral, en la acción social con las personas más empobrecidas, en los movimientos eclesiales, en la enseñanza, en la vida religiosa... Somos las manos y el corazón de la Iglesia, pero se nos niega la palabra, tener voz y voto, la toma de decisiones y el liderazgo en los ámbitos oportunos, como se puso de manifiesto, una vez más, en el Sínodo de la Amazonía.
¿Qué sería de la Iglesia y de las iglesias si dejáramos de hacer todos estos trabajos, porque estamos cansadas de la invisibilidad y de la injusticia?
Trabajamos en la Iglesia, porque es nuestra comunidad de referencia para vivir el Evangelio. Seguiremos trabajando en ella para que podamos recuperar la comunidad de iguales que trajo Jesús.
• Hace años abrimos una brecha en el muro que nos impedía el acceso a los estudios de teología, no pararemos hasta que se reconozca y valore la riqueza de teología feminista, como motor de cambio. No pararemos hasta que se elimine el lenguaje patriarcal y sexista en las homilías, textos litúrgicos y documentos; hasta que la moral sexual de la Iglesia se preñe de ternura y misericordia y deje de culpabilizar a las mujeres.
Seguiremos trabajando con empeño para que la Iglesia dialogue con los movimientos de liberación de las mujeres y reconozca la diversidad de familias, identidades y orientación sexual.
• Trabajamos con ahínco para que la Iglesia denuncie el sistema económico neoliberal que impide que las personas tengamos unas condiciones de vida acordes con nuestra dignidad, porque este sistema expolia la tierra, fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres.
Trabajamos y trabajaremos para recuperar una Iglesia donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas partes y valoradas por nuestros talentos y carismas.
No estamos solas. Formamos parte de una red que crece cada día y se entrelaza con mujeres de iglesias de Europa y del mundo que también han dicho “¡Basta ya!” y alzan su voz, hasta que la igualdad sea costumbre.
En el año 2000 celebramos el Jubileo de las Mujeres, manifestándonos en las puertas de la catedral de la Almudena de Madrid. Hoy, 25 años después, damos un paso más: nos organizamos para expresar nuestra Revuelta en la Iglesia, para que la Iglesia vuelva a ser una comunidad de iguales Y LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE.
• HASTA QUE LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE
martes, 20 de agosto de 2024
LA MUJER Y LOS MINISTERIOS SAGRADOS
La mujer y los ministerios sagrados
Gilbert Clavel acaba de publicar – en francés - una investigación sobre la cuestión de la exclusión de las mujeres de los ministerios sagrados. Por motivos editoriales el desarrollo incluye dos volúmenes. El primero se titula “Historia de un malentendido: la exclusión de la mujer de lo sagrado”. A través de un acercamiento histórico y planetario a los textos...
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El segundo volumen aborda la cuestión de la Iglesia misma hoy en relación con la antropología moderna: “Mujeres e Iglesia: superar malentendidos históricos”. El movimiento de emancipación de la mujer desafía a la Iglesia; las voces de teólogas, entre otras, llaman a repensar - a partir de las palabras y gestos de Jesucristo - el lugar de la mujer y la relación con la sexualidad...
Volumen 1: Historia de un malentendido: la exclusión de la mujer de lo sagrado
haz clic el título para ver el vlumen 1
Volumen 2: Mujeres e Iglesia: superar malentendidos históricos
haz clic el título para ver el vlumen 2
viernes, 28 de junio de 2024
Ignacia González, miembro de CCP y de Mujeres y Teología, nos ha dejado el enorme legado de su vida, en su despedida de entre nosotros
Ver la celebración de su vida completa
viernes, 8 de marzo de 2024
viernes, 23 de febrero de 2024
lunes, 10 de abril de 2023
Las mujeres etiopes de Meki se hacen presentes en la celebración
de la Semana Santa de la comunidad de CODEF
Gracias a María José Morales directora del Centro Kidist Mariam que desarrolla su labor en Meki (Etiopia), tuvimos la suerte de compartir la realidad de las mujeres etiopes, y del trabajo que este Centro realiza con el fin de empoderar a la mujer en Etiopia. La cercanía personal y el entusiasmo de Mariajo, nos hizo sentirnos muy cercanos a esa otra realidad de pobreza y vulnerabilidad, a la vez que de grandísimo potencial que siempre encierra cualquier mujer.
La oportunidad de compartir, aunque desde la lejanía, esta realidad etiope en el marco de las celebraciones de la Semana Santa, nos cuestionó además nuestra propia coherencia. Si a todo esto añadimos el marco incomparable de la naturaleza rebosante de Orihuela del Tremedal donde nos trasladamos para vivir estos días, no podemos por menos de sentirnos personas afortunadas.
lunes, 27 de marzo de 2023
«Vulnerabilidad, Abusos y Cuidado en la Vida Religiosa Femenina»
La Revuelta de Mujeres en la Iglesia organiza este conversatorio:
Os invitamos a participar en el conversatorio «Vulnerabilidad, Abusos y Cuidado en la Vida Religiosa Femenina» con la Hna. MªRosaura González. El 27 de marzo a las 19:00 os esperamos en Zoom: https://bit.ly/3IJtdL2 (sin inscripción previa) ¡No os lo perdáis!
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