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lunes, 6 de julio de 2026

                                                                                    Tomado de Religión Digital

¿Debe morir la Religión para que nazca el Evangelio?


La Iglesia no se juega hoy solo su relevancia social, sino algo más profundo: su fidelidad al Evangelio frente a la lógica del poder que la tienta a protegerse.

Entre estructuras que se agotan y un cristianismo que busca renacer, la pregunta ya no es institucional, sino radicalmente evangélica: ¿servicio o dominio?
Hay una pregunta incómoda que cada vez se formula con menos miedo y más realismo: ¿está la Iglesia viva, moribunda o, en cierto modo, agotada en su forma actual? No es una provocación, sino una constatación que nace de lo que vemos. Y lo que vemos es claro: una institución que, para muchos, se ha vuelto un cuerpo extraño en la sociedad, marcada por el distanciamiento, la irrelevancia creciente y una sensación de aislamiento que ya no se puede ocultar.

Pero mientras una forma de Iglesia parece apagarse, algo distinto se está gestando. Como si, en medio de la crisis, el cristianismo estuviera intentando liberarse de aquello que lo ha ido encorsetando.

Lo que está en juego no es la fe, sino un modelo. El modelo de una Iglesia excesivamente jerárquica, centralizada, con rasgos de poder casi monárquico, donde unos pocos deciden, delimitan y controlan. Un sistema donde demasiadas cuestiones siguen siendo intocables, donde el margen de participación real es estrecho y donde el miedo a perder el control pesa más que la confianza en el pueblo creyente.

No es solo una cuestión organizativa. Es una forma de entender la Iglesia. La de una jerarquía que, con frecuencia, maneja con habilidad los resortes institucionales para sostener el equilibrio interno, determinando qué se puede pensar, qué se puede cuestionar y hasta dónde se puede llegar. Y todo ello, muchas veces, envuelto en un lenguaje sagrado que termina blindando lo que en realidad son decisiones humanas.


Pero el Evangelio no va por ahí.

Jesús fue claro y directo: “No llaméis a nadie ‘señor’, porque uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos” (cf. Mt 23,8-10). No hay en su proyecto espacio para una comunidad estructurada en torno al dominio o al privilegio, sino para una fraternidad real, donde la autoridad solo se entiende como servicio.

Y, sin embargo, la distancia entre ese ideal y la realidad es, en ocasiones, demasiado evidente.

Por eso no extraña el creciente alejamiento. No porque el mensaje haya perdido valor, sino porque la forma de vivirlo institucionalmente ha dejado de resultar creíble para muchos. Y cuando la forma falla, el fondo queda oscurecido.

Sin embargo, en medio de esta crisis, emerge con fuerza un anhelo profundo: volver a lo esencial. Recuperar aquella Iglesia de las primeras comunidades, donde no había honores, ni títulos, ni distancias artificiales. Donde la fe se vivía en clave de fraternidad, de sencillez, de compromiso.

Una Iglesia sin honores mundanos, sin necesidad de prestigio, sin estructuras que la separen de la vida real. Una Iglesia donde nadie se sitúe por encima de nadie, porque todos se reconocen hijos de un mismo Padre. Como recuerda el Evangelio: “El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

¡Ese es el modelo Y es radical!

Porque implica desmontar muchas inercias. Implica dejar de entender la Iglesia como un espacio de poder para vivirla como una comunidad de iguales, donde el centro no lo ocupan los que mandan, sino los que sirven.

Hoy, ese deseo no es teórico. Se percibe en muchos creyentes que, lejos del ruido, viven su fe desde el compromiso, la sencillez y la corresponsabilidad. Laicos que no esperan permisos para ser Iglesia, que ejercen su sacerdocio común, aunque no siempre se les reconozca. Que sostienen comunidades, acompañan, sirven… mientras, a en general, siguen siendo considerados secundarios.

Y ahí aparece una de las grandes contradicciones actuales: se pide la implicación de los laicos, pero se teme su protagonismo. Se les invita a colaborar, pero no a decidir. Se les abre la puerta, pero con condiciones. Porque en el fondo persiste el miedo: el miedo a que las riendas se escapen de manos de quienes han identificado demasiado la Iglesia con su propia posición.

Pero el Evangelio vuelve a desmontar ese planteamiento.

Jesús no organiza una estructura para controlarla, sino una comunidad para compartirla. Lava los pies a sus discípulos y dice: “Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis lo mismo” (Jn 13,15). No hay gesto más claro: la autoridad cristiana no se impone, se arrodilla.

Por eso, quizá ha llegado el momento de asumir una verdad incómoda: si una determinada forma de Iglesia está muriendo, no necesariamente es una pérdida. Puede ser, en realidad, un nuevo nacimiento.

Porque lo que muere no es el Evangelio. Lo que se agota es la religión, que arrincona el Evangelio y lo hace irreconocible.

Y lo que puede nacer —si se deja espacio— es algo más cercano a su origen: una Iglesia pobre, sencilla, fraterna, sin “sectas” donde protegerse, sin discursos que lo justifiquen todo, sin esa actitud de quienes nunca se escandalizan porque han aprendido a normalizarlo todo.

Una Iglesia que no convierta lo sagrado en rutina ni en negocio. Que recuerde aquel gesto de Jesús: “No convirtáis la casa de mi Padre en un mercado” (Jn 2,16). Que entienda que el signo es parte del mensaje.

Una Iglesia que no tema perder poder, porque sabe que su fuerza no está en los ritos. Que no tema hacerse pequeña, porque el Evangelio nunca fue cuestión de tamaño, sino de verdad.

“El que quiera salvar su vida, la perderá” (Mt 16,25). Esa palabra sigue siendo hoy una advertencia y una oportunidad. Aferrarse a estructuras, privilegios y seguridades puede ser la forma más rápida de perder lo esencial.

En cambio, despojarse —como hizo Cristo— abre la puerta a algo nuevo.

Al final, la cuestión no es si la Iglesia pierde influencia, sino si recupera su alma. No si mantiene su forma, sino si vuelve a ser fiel a su origen.

Porque la Iglesia no es de los jerarcas. La Iglesia es el pueblo de Dios. Y en ese pueblo —en los sencillos, en los que buscan, en los que sirven sin ruido— está latiendo ya otra manera de ser Iglesia.

Quizá más pequeña. Quizá más frágil. Pero también, mucho más cercana al Evangelio.



martes, 2 de junio de 2026

 

Carta abierta de la Revuelta de Mujeres al Papa: "Si alzamos la mirada hacia la Iglesia, nos sentimos invisibles, ninguneadas, separadas, discriminadas"


Estimado León XIV:

Te damos la bienvenida y alzamos la mirada hacia tí a la vez que alzamos nuestra voz en esta carta.

Te escuchamos reiteradamente llamar a la unidad. La unión entre católicos es uno de tus temas preferidos pero nosotras, las mujeres que pertenecemos a “La Revuelta de las mujeres en la Iglesia-Alcem la veu” no nos sentimos unidas a nuestros hermanos varones, sino más bien separadas por el simple hecho de ser mujeres.


Como mujeres bautizadas, alzamos la mirada a Jesús de Nazaret, al Cristo de la fe, y nos sentimos plenas y unidas en fraternidad y en sororidad con todo el Pueblo de Dixs pero, si alzamos la mirada hacia la Iglesia, nos sentimos invisibles, ninguneadas, separadas, discriminadas. Nos da la sensación de que nuestro bautismo no es pleno, es de agua, no de Espíritu, no de Ruah como nos gusta decir.
Porque ese mismo bautismo, para los varones tiene unas consecuencias plenas. Les da la opción a participar, de forma íntegra, en los 7 sacramentos, colocándolos en una jerarquía, por encima de la mitad de la humanidad. Y para nosotras, las mujeres, por el simple hecho de serlo, hay un sacramento vetado, el del orden. A los otros, excluyendo el sacramento del matrimonio, solo podemos optar de forma parcial, únicamente en calidad de “oyentes”: los podemos recibir pero no administrar.

El bautismo, nos une a Cristo en igualdad de pertenencia y carismas al convertirnos a todos en Hijos e Hijas de Dixs. Esa es la verdadera unión de todas las personas bautizadas: la filiación a un Dixs Padre-Madre, y la fraternidad con los hermanos y hermanas. Pero en la Iglesia, no se da.


Así que nosotras, mujeres de “La Revuelta en la Iglesia-Alcem la veu”, que estamos en el margen del camino elcesial, heridas por la falta de reconocimiento en igualdad de los dones de nuestro bautismo, te pedimos que alces la mirada, que nos mires de verdad, que veas a todas las mujeres que trabajamos por nuestra Iglesia y para la construcción del Reino de Dixs. Que nos mires y que nos veas con los mismos ojos con los que nos sentimos miradas por Jesús, el que pasó por la vida haciendo el bien. Y como el buen samaritano, hagas algo: repares los daños, te impliques en la restitución del lugar al que estamos llamadas como hijas de un mismo Dixs y, no pongas excusas ni pases de largo ante nuestras heridas como lo hicieron el levita y el sacerdote.

Unidas en oración a toda la Iglesia, seguiremos alzando nuestra voz, “Hasta que la igualdad sea costumbre en la Iglesia”.
                                                      

Revuelta de las mujeres en la Iglesia-Alcem la veu de:
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La Rioja
Las Palmas de Gran Canaria
León
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lunes, 1 de junio de 2026


LA AUTOCRÍTICA EN LA IGLESIA CATÓLICA

Ante la venida del Papa León XIV a España

La visita a España del Papa León XIV está suscitando un alud de adhesiones entusiastas y otro tanto de comunicados críticos. Por mi parte, agnóstico y creyente en la “sabiduría de Jesús de Nazaret”, me apunto a una crítca desde dentro, una corrección fraterna que nos afecta a todos por dirigirse al núcleo central del cristianismo. El Misterio de la Salvación enseñado como explicación del mundo y de la trayectoria vital humana, como respuesta a las grandes preguntas es más una evocación y llamada simbólica, una esperanza.

Durante décadas, los grupos cristianos de base hemos intentado ser “otra voz de Iglesia”, inspirados por la cercanía al mundo obrero y a la vida en los barrios, es decir por la teología de la liberación que nos enseñó a interpretar a Jesús “desde los pobres” y no desde la doctrina. En esos escritos nos dirigíamos sobre todo a la jerarquía por su involucionismo y su compromiso con los poderes económicos y políticos. Siendo muy radical en cuanto a la defensa de la justicia, de los derechos humanos, el medio ambiente y la igualdad de la
mujer, se quedaba sin embargo en la superficie de la teología. Se criticaba la estructura eclesial pero no se llegaba a los fundamentos o supuestos, erróneos en mi opinión, que iban implícitos en esas críticas sociopolíticas y morales.
Nuestra “pertenencia crítica” —“un pie dentro y otro fuera”— era por las exigencias de otro sistema y esa urgencia acaparaba nuestra atención.

La teología católica dominante dominante proviene de Pablo, de los Concilios de Nicea y de Trento, de San Agustín y de la Escolástica. Fue resignificada en el concilio Vaticano II e inmediatamente sepultada. Se construyó como un sistema doctrinal rígido, una sucesión de grandes acontecimientos milagrosos como son la Encarnación, la Redención, la Resurrección entendidos en estricto realismo, “al pie de la letra” y orillando su carácter simbólico. Evidentemente chocaba con la ciencia, la vida real y los proyectos de justicia aquí ya en la tierra. Aunque no siempre fue así y un hilo místico y compasivo acompañó en muchos y largos momentos a esa ortodoxa y “herética” cuerda doctrinal.

Ante este gran error vivido con gran amor, nos preguntamos qué Jesús es el verdadero o referente, el de su escasa biografía, o su divinización o su sabiduría de vida. Por qué Jesús y no otra persona. Desde dónde y en donde buscar la interpretación más trascendental de todo ser humano y hasta dondellegar en la autocrítica religiosa.

La Iglesia ha vivido con cosmovisiones hoy erróneas: la Revelacion y la Historia Sagrada como explicaciones rigurosas y fundamento ultimo de la verdad, la lectura literal de libros sagrados como la Biblia, la supremacía de la fe sobre la razón, la visión dualista y sobrenaturalista, el teísmo que objetiva la sublimidad y la incondicionalidad, que crea un Ser Absoluto, dueño de nuestra existencia, la concepción jerárquica incuestionable, la autoridad sagrada,episcopal y papal, por herencia del Jesús Hijo de Dios encarnado y consecuentemente la superioridad de la autoridad religiosa sobre los derechos humanos, etc.

Las recientes reflexiones posreligionales y posteístas que se siguen inspirando en Jesús de Nazaret, abogan por una revisión radical: reconocer el carácter simbólico del lenguaje religioso, abrirse a la ciencia, la filosofía y los humanismos contemporáneos y entender a Jesús como un modelo de humanidad más que como un ser divino. Son reflexiones que se fundan en las epistemologías más recientes y en las revoluciones científicas en torno a la
materia, la energía y la información, en las ciencias sociales y las neurociencias y sobre todo en la mirada a los pobres y a la barbarie de las guerras y genocidios. Y desde allí elaboran sus símbolos de recreación y esperanza.

Sus prácticas contestatarias nos sitúan en el camino de una convención universal por la esperanza, más allá de cualquier religión o tradición ética o humanista. Ese pudo ser el camino de Jesús cuando utilizaba el término “Reino”.

¿Es esto el haraquiri del cristianismo? Es la muerte en cruz de la religión anterior a Jesús y la resurrección de una humanidad nueva. Y esto es lo que sugiero al camino papal en esta etapa española.

Santi Villamayor
ahora jubilado, 
fue jesuita obrero, 
activista vecinal 
y profesor de filosofía.

sábado, 23 de mayo de 2026

 

Tomado de

Mercedes Navarro: «La Iglesia católica es la institución más machista del mundo occidental»


La Biblia y las mujeres es un magno proyecto que acaba de concluir, un trabajo ecuménico y multidisciplinar que ha estudiado el tratamiento de las figuras femeninas en la Biblia y la recepción que las Iglesias han hecho de esas figuras. La directora para el área hispana de esta obra, que publica la editorial Verbo Divino, ha sido Mercedes Navarro, mercedaria, doctora en Psicología y Teología, y cofundadora y expresidenta de la Asociación de Teólogas Españolas. Ella acaba además de publicar un nuevo libro.


Acabas de publicar Violentas y violentadas, sobre las mujeres y la violencia en la Biblia. Resulta que no somos solo víctimas sino también victimarias…

Así es. La Biblia muestra a los seres humanos como seres complejos, con lo mejor de su humanidad y también, en muchas ocasiones, con lo peor. Muestra así a los varones y a las mujeres, aunque se han dado a conocer más los diferentes ángulos de ellos que los de ellas. A menudo, las dos facetas de víctimas y victimarias forman parte de los mismos personajes. He tratado algunas en el libro (Sara, Agar…), pero hay más que han quedado fuera.

De todas formas, el patriarcado se ha ensañado con las victimarias, cosa que no ha hecho ni hace con los victimarios. Por ejemplo, Herodías y Herodes, a pesar de que históricamente sabemos mucho más de las tropelías y crueldades de él, que de las de ella. No pretendo, obviamente, excusar ninguna violencia, venga de hombres o de mujeres, sino llamar la atención sobre el modo en que, dependiendo del sexo, las recibimos y transmitimos. Es, cuando menos, injusto y sexista.

Pero hay menos mujeres violentas que figuras masculinas violentas, ¿es porque la violencia está asociada con frecuencia al poder y ellas tenían menos poder?

Hablando en general, en la Biblia hay bastante menos mujeres que varones, no solo en lo relativo a la violencia. Hemos necesitado casi tres generaciones de estudiosas para descubrir y dar a conocer a las mujeres que hay en la Biblia. Muchas menos que varones, pero muchas más de las que nos han contado.

Al dato se puede añadir, como dices, la asociación con el poder. Si hablamos de poder político y también religioso, que en una inmensa mayoría está en manos masculinas, es raro no encontrar asociado el ejercicio de la violencia, sobre todo en la Biblia hebrea. En los evangelios, los narradores muestran un vivo contraste en la alternativa de Jesús a una determinada forma de ejercer el poder y en su postura frente a la violencia asociada con los líderes políticos y religiosos.


Algunas lecturas resultan intolerables por el nivel de crueldad e indiferencia hacia la mujer que revelan: mujeres ofrecidas como recompensa por sus maridos, descuartizadas… ¿Deberíamos prescindir de esos textos?

Al descubrir y estudiar Jueces, 19 (la mujer del levita), recibí un tremendo impacto y mi pregunta fue distinta a la tuya. Me pregunté cómo es que este texto no aparece en ningún lado, ¿qué censura hay para que todo el mundo no sepa que existe y que revuelve las entrañas?, ¿qué consecuencias puede tener para mujeres y varones conocer un texto como este?, ¿podemos responder “Palabra de Dios” si se diera el caso de que se proclamara en la liturgia?

Muchas biblistas feministas se sintieron obligadas a revisar a fondo la cuestión del canon, y del “canon dentro del canon” (los textos que no deben leerse en la liturgia, en público, “a pelo”, es decir, sin explicación y debate). El revulsivo que han producido este y otros textos bíblicos ha espoleado en las biblistas feministas las ganas de estudiarlos a fondo, de hacerlo con la categoría analítica de género y contarlo, difundirlo.

¿Por qué las figuras femeninas de la Biblia son menos conocidas en el cristianismo que las grandes figuras masculinas?

Me parece obvio: por el marco patriarcal eclesiástico cristiano y el ejercicio machista del clero en la difusión de la Biblia. En la iglesia católica ha sido y es mucho más claro que en el contexto protestante. No debemos olvidar que hasta hace muy poco las mujeres en España teníamos prohibido leer la Biblia. Siendo adolescente, cuando yo leía todo lo que caía en mis manos, mi párroco me prohibió leer buena parte del Antiguo Testamento.

Tenemos una pobrísima tradición bíblica. En la escuela se enseñaba la Historia Sagrada, un compendio de historias de personajes y aventuras bíblicas que resultaba, al menos, distraído e interesante. Las mujeres que aparecían en ella eran las llamadas mujeres fuertes de la Biblia: Judit, Ester, la madre de los Macabeos, Rut… pocas más.

Gracias a la historia sagrada tuvimos una cultura básica general que nos ayudó a familiarizarnos con el arte. Todas estas figuras eran narradas con trazos gruesos y, pese a su fuerza, las vestían de feminidad (según los estereotipos femeninos). Y las malvadas eran muy malas, como Eva y Dalila. Y no importaba si esos relatos eran fieles o no a los textos.

El propósito era político. Fue una difusión tan exitosa que dura todavía en las generaciones más mayores. En las de cuarenta para abajo la ignorancia es casi total. No hay manera de devolver a la mayoría de las mujeres bíblicas sus rasgos, aquellos que aparecen en los textos. Esta resistencia (incluidas muchas mujeres feministas) explica en parte que la mayoría de las teólogas feministas sean biblistas.

domingo, 12 de abril de 2026

 

¿Es menos Iglesia la formada por comunidades que carecen de ministros ordenados?

Salvo Coco
01 abr 2026

Un aspecto fundamental para comprender el clericalismo es la identidad teológica del llamado ministerio ordenado. Una identidad teológica que se ha ido configurando a lo largo de los siglos. No existía en los primeros siglos, ya que el clero ni siquiera existía en las primeras comunidades cristianas. Fue el clericalismo el que modificó el papel del presbítero y del obispo, pasando de ser ministerios carismáticos-laicales a ministerios institucionales-clericales. Posteriormente, a través de un proceso (denominado proceso de sacerdotalización), que duró varios siglos, se llegó a una sistematización doctrinal de la identidad de los ministerios del presbítero y del obispo. Y el resultado es lo que hoy llamamos ministerio ordenado. Veamos, pues, cómo abordar el tema desde la raíz y, sin andarnos con rodeos, planteémonos algunas preguntas cruciales.
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La vida nueva en Cristo, que es una conversión laica y existencial continua, ¿cómo se conjuga en el presbítero y en el obispo, dado que a ellos se les asigna una condición sacra, ontológicamente diferente? ¿Allí donde no está presente el llamado sacerdocio ordenado y, por tanto, en ausencia de este poder espiritual particular, la Iglesia es menos Iglesia? ¿Era menos Iglesia la Iglesia de los orígenes, donde no existía el clero? ¿Es menos Iglesia la Iglesia formada por aquellas comunidades que carecen de ministros ordenados? ¿Son menos Iglesias las comunidades de ámbito protestante que no tienen ministros reconocidos por las cúpulas institucionales de la Iglesia católica? ¿Es posible obtener respuestas no autorreferenciales a las preguntas anteriores? ¿O debemos resignarnos al hecho de que el clero tiene «esa» identidad porque es el mismo clero quien lo afirma?
.../...
La exégesis y la teología modernas han aportado respuestas importantes a las preguntas anteriores, pero el magisterio clericalista se resiste a asimilar dichas respuestas. Mientras tanto, la situación, a falta de las reformas necesarias, acumula cada vez más retraso y el proceso de desclericalización avanza muy lentamente, frenado por la resistencia del frente conservador.
.../...
La autoridad doctrinal de los fieles no puede quedar confinada en el limbo de las buenas palabras, sino que debe traducirse en actos y gestos concretos. La personalidad de los fieles ya no puede ser aniquilada y la gracia bautismal ya no puede ser menospreciada ni subestimada (véase la Carta al Pueblo de Dios del papa Francisco).

miércoles, 11 de marzo de 2026

 


Redes Cristianas nació en 2006 con vocación de aglutinar y ser red de coordinación de los grupos y medios de comunicación católicos de base en España. Tras veinte años de existencia os invitamos a un encuentro en la mañana del sábado 14 de marzo por internet.
En dicho encuentro se reflejarán las aportaciones de los distintos grupos que forman Redes Cristianas sobre el tema del encuentro, además se entregará el Premio Redes Cristianas por primera vez en sus dos modalidades.
Os animamos a participar y a difundir ampliamente la información que aparece en el cartel que se adjunta.


Enlace de ZOOM
Hora: 14 mar 2026 09:00 a. m.
https://us02web.zoom.us/j/82176259087?pwd=L3GaZ6xBbNfcxbvGH6sjzTCTUsbDaK.1
ID de reunión: 821 7625 9087
Código de acceso: 306585


PROGRAMA

9-9:30
Presentación y oración inicial
9:30: Carlos Pereda, sociólogo, presenta las aportaciones de los grupos de Redes Cristianas al tema «Actitud de los cristianos ante la situación actual»
10:30: Diálogo
11:15-11:30 Descanso
11:30-12: Entrega del Premio Redes Cristianas en sus dos modalidades
12: Ponencia de Olga Rodríguez, periodista y Nidia Arrobo, teóloga de Ecuador
13:10 Diálogo
13:50 Lectura del manifiesto
14:00 Final del encuentro



viernes, 6 de febrero de 2026


 Tomado de la Voz del Sur

Primero Misa y comulgar, luego mentir, atacar a inmigrantes y odiar al adversario


Sus líderes se santiguan en público, comulgan y hacen continua ostentación de fe. Pero salen de las iglesias y acto seguido se ponen a mentir con tranquilidad pasmosa

Juan Torres López


Los principales líderes de la derecha española, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y la madrileña Isabel Díaz Ayuso, hacen constantes manifestaciones públicas de catolicismo. En las pasadas fiestas de diciembre incluso gastaron abundante munición mediática para criticar a sus adversarios que las felicitaban en general y no como Navidad.

Feijóo acaba de decir hace pocos días que los ideales de su partido son "la libertad, la paz, la democracia, la sostenibilidad, la defensa del Estado de Derecho y la tradición y la cultura cristiana". Aunque Abascal afirma que su partido no es confesional y que en él caben personas de diferentes creencias, en diversas ocasiones se ha declarado expresamente católico. Y lo mismo ocurre, e incluso en mayor grado, con Díaz Ayuso. En su último discurso navideño, dijo que "el nacimiento de Jesús es un mensaje de amor y verdad" y que "ser católico es la antítesis de ser racista o insolidario".

La derecha española ha sido siempre de sacristía y siempre ha presumido de alma limpia y conciencia recién planchada. Sus líderes se santiguan en público, comulgan y hacen continua ostentación de fe. Pero salen de las iglesias y acto seguido se ponen a mentir con tranquilidad pasmosa.

No exagero. Estos últimos días lo están haciendo sin piedad, vergüenza ni límite para combatir no a la regularización de inmigrantes en sí, sino al gobierno -según ellos enemigo de España- que ha aprobado la medida (defendida entre otras instituciones por la Conferencia Episcopal y las patronales de sectores en donde se emplea a mayor número de trabajadores extranjeros).

Denuncian los dirigentes de la derecha que la regularización del gobierno de Pedro Sánchez modificará el censo electoral.

Dejando a un lado que dan por hecho que los inmigrantes regularizados votarían en masa a la izquierda -lo que desde luego estaría por ver-, se trata de una afirmación mentirosa porque en España (como en todos los países) solo votamos los nacionales, y una cosa es regularizar y otra nacionalizar.

No cabe pensar ni por un momento que Feijóo, Ayuso y Abascal y su plétora de asesores no sepan la diferencia entre ambos procesos, de modo que es inevitable asegurar que están mintiendo a sabiendas.

Los dirigentes de la derecha española presumen de fe, de tradición y de valores cristianos, pero cuando bajan del altar hacen política o incluso gobiernan como si el Evangelio fuera un folleto publicitario que reparten para captar votos.

Y no solo mienten, sino que mantienen completamente alterados los valores y principios éticos que cabe asociar con el catolicismo. Se supone que ser cristiano es seguir a Jesús de Nazaret quien, según el Evangelio de Mateo, dijo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles (...) era forastero, y no me acogisteis".

Feijóo, Abascal y Ayuso mienten y criminalizan sin misericordia a las personas que trabajan a nuestro alrededor, empleadas allí donde nosotros no queremos trabajar, o que vienen a suplir nuestra falta de mano de obra. Y lo hacen, además de mintiendo, con inhumano desprecio, como igualmente le sucedió a José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, quien también ha confesado en diversas ocasiones su ferviente catolicismo. En noviembre de 2024 dijo: "He sido bendecido por el don de la fe", pero su ayuntamiento prohibió que una ONG repartiera bocadillos a personas sin hogar. A diferencia, como en los casos anteriores, de la enseñanza de Jesús: “... tuve hambre, y no me disteis de comer".

La fe católica de los dirigentes de la derecha española es de quita y pon. Se la lleva el humo cuando se trata de ayudar al débil o de repartir la riqueza: "Lo más grave de la ley es la justicia, la misericordia y la fidelidad" (digo yo, que esta última también aplicada a la verdad).

La regularización de inmigrantes no da papeles automáticos, no concede nacionalidad, no otorga derecho a voto, no convierte a nadie en delincuente ni supone invasión alguna. Es simplemente un intento -modesto y hasta tardío- de sacar de la clandestinidad a personas que ya viven y trabajan en nuestro país, al que de esa forma ayudan a sostener y hacer más grande y próspero. Pero mentir sale más barato que pensar, el miedo moviliza más que la verdad y a estos dirigentes que presumen de católicos le vale todo para acabar con sus adversarios.

Ahora bien, si la fe de los Abascal, Feijóo y Ayuso no parece muy coherente por todo esto que señalo, el príncipe de los sepulcros blanqueados ("¡escribas y fariseos, hipócritas!: por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda podredumbre") es, sin lugar a dudas, el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla.

Este va mucho más lejos. No solo no se pronuncia con las palabras de Jesús que he mencionado, ni habla como quien cree en ese Dios justo y misericordioso, sino creyendo que él mismo es Dios omnisciente y que, por tanto, dispone de la capacidad que ningún ser humano tiene: la de saber las intenciones reales de cualquier otro y, en este caso, las de Pedro Sánchez y su gobierno cuando proponen la regularización.

Según este obispo, no la han aprobado por las razones que han señalado: dar un justo estatus legal, seguridad jurídica, derechos y una vía ordenada de integración a miles de personas que ya están entre nosotros, la inmensa mayoría de ellas conviviendo aquí en paz y generando riqueza; para favorecer la cohesión social y la dignidad humana, permitiendo que ejerzan sus actividades legalmente y reciban las contraprestaciones que legalmente les corresponda; para desarrollar una política migratoria basada en derechos humanos, integración y convivencia, no solo compatible, sino que impulsa el crecimiento económico; y para atender la demanda ciudadana plasmada en una Iniciativa Legislativa Popular suscrita por cientos de miles de firmas.


Dijo Jesús en su Sermón de la montaña: "Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los conoceréis".

Por mucha Misa a la que vayan y organicen, por muchas veces que comulguen y por muy abundantes que sean sus declaraciones de fe, los dirigentes de la derecha española no pueden disimular cuáles son sus actos reales. Por sus frutos se les puede conocer perfectamente y por eso se les puede decir exactamente lo mismo que dijo Jesús a los fariseos: "Os hacéis pasar por justos delante de la gente, pero vuestro interior está lleno de hipocresía y maldad".

Mucha misa, mucha comunión y mucho símbolo y actos religiosos… pero poca justicia, poca misericordia y demasiada mentira.

domingo, 25 de enero de 2026


Grupos de Euskadi, Navarra, Cantabria, Asturias y Galicia participan en el I Encuentro de la Revuelta Norte de Mujeres en la Iglesia

El sábado 17 de enero nos reunimos en Astorga 46 mujeres del Sector Norte de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. El colegio de las Escolapias acogió este primer encuentro de la que llamamos la Revuelta Norte, al que asistimos mujeres de 9 grupos, procedentes de Euskadi (Donosti, Bilbao, Vitoria), Navarra (Pamplona), Cantabria, Asturias y Galicia (Vigo, Lugo, Santiago). También se nos unieron por primera vez compañeras interesadas en promover la Revuelta en Astorga, León y Palencia.

Disfrutamos mucho de nuestro encuentro, de escuchar nuestras experiencias y nuestra forma de organizarnos, nuestros logros y dificultades y nuestros propósitos y planes de futuro para seguir consolidando y ampliando la Revuelta de Mujeres en la Iglesia.


Nos pusimos al día de las grandes líneas de trabajo de la Revuelta aprobados en el último encuentro de El Escorial, y elegimos a nuestras representantes para la coordinadora estatal: allí aceptaron generosamente representarnos tres compañeras de Vitoria, Navarra y Vigo.

Compartimos viandas traídas de la tierra y nos reímos mucho con la animación de nuestras compañeras gallegas, su acordeón, su pandereta y sus canciones. Rezamos mucho también, con preciosas oraciones muy bien preparadas y cuidadas, al comienzo y al final del encuentro, llenas de música y cantos, danza, silencio, presencia... Al final, intercambiamos unas tarjetas que contenían aquello con lo que cada una elegía quedarse de este momento privilegiado de encuentro y sororidad, el entrañable sentimiento que nos une y compacta cada vez que nos reunimos.

Cargamos, en fin, las pilas para seguir alimentando y cuidando la sororidad y exigiendo que la igualdad se haga costumbre en el mundo y en la Iglesia.

miércoles, 14 de enero de 2026


NEGATIVA A ORDENAR A LAS MUJERES: EL EVANGELIO SIGUE EN MARCHA, PERO LA JERARQUÍA SE HA DETENIDO


Mientras la jerarquía se atrinchera en documentos que repiten fórmulas ridículas como que el hecho de ser varón es esencial para ser ordenado, el Evangelio sigue abriéndose camino. No en los dicasterios ni en los despachos episcopales, sino en la vida concreta del Pueblo de Dios.

La declaración del Vaticano del 4 de diciembre —otra negativa a la ordenación de mujeres como diáconas y presbíteras— revela una verdad incómoda que ya no puede maquillarse: la jerarquía eclesial está detenida, inmóvil, petrificada en un modelo de poder incapaz de escuchar el Evangelio que dice defender.

Es un aparato que teme moverse porque cualquier paso podría fracturarlo. Y mientras el aparato se aferra a su rigidez, el Evangelio continúa su marcha, impulsado por comunidades vivas que no esperan permiso para responder a la gracia.

Este desfase entre una estructura paralizada y un Evangelio en movimiento es el signo más claro de la crisis que enfrenta la Iglesia católica contemporánea.

Una crisis que no nace del debate sobre la ordenación femenina, sino de la incapacidad institucional para dejar que el Espíritu circule sin miedo a desestabilizar la arquitectura patriarcal que la sostiene.

Una jerarquía enferma, detenida, temerosa y vigilada por sus propios guardianes

El rechazo de la comisión no es un acontecimiento aislado: es la expresión de un sistema eclesial bloqueado, enfermo, atrapado entre los sectores ultraconservadores que vigilan cada palabra y cada gesto, y una base creyente que clama por reconocimiento y justicia.

Se habla de sinodalidad, de discernimiento comunitario, de una Iglesia que camina junta. Pero cuando llega la hora de tomar decisiones que afectan al corazón mismo del poder clerical —como la posibilidad de abrir el ministerio sacramental a las mujeres—, la jerarquía se repliega en un miedo defensivo. No decide. No arriesga. No avanza. Está muy enferma.

Los líderes eclesiales parecen gobernar bajo un permanente estado de amenaza interna, temiendo provocar una ruptura que, paradójicamente, ya existe en la vida real de las comunidades.

La curia, sostenida por facciones ultraconservadoras que temen perder control, actúa como una cámara de presión que impide cualquier movimiento. La comisión sobre el diaconado femenino es solo el último ejemplo de cómo la institución prefiere la parálisis antes que la fidelidad al Evangelio.

El Evangelio, en cambio, no se detiene

Mientras la jerarquía se atrinchera en documentos que repiten fórmulas ridículas como que el hecho de ser varón es esencial para ser ordenado, el Evangelio sigue abriéndose camino. No en los dicasterios ni en los despachos episcopales, sino en la vida concreta del Pueblo de Dios.

Jesús no eligió como primer portador del anuncio pascual a un sacerdote varón, ni a un guardián del Templo, ni a un experto en la Ley. Eligió a una mujer. A María Magdalena.

No pidió permiso.
No consultó a una comisión.
No formó un comité para evaluar el impacto doctrinal.
Simplemente confió la misión a quien estaba allí, disponible, fiel, abierta al Espíritu.

María Magdalena, apóstola entre los apóstoles, descoloca a la jerarquía tanto ayer como hoy. Su testimonio sigue recordándonos que el Evangelio fluye en dirección contraria a las estructuras que buscan domesticarlo.

La contradicción flagrante: una jerarquía que se paraliza para no reconocer lo que ella misma sabe

La evidencia histórica sobre mujeres diáconas es abundante. Las demandas del Pueblo de Dios han sido claras en el proceso sinodal. El clamor pastoral de las comunidades es elocuente. La injusticia teológica es evidente.

¿Y cuál es la respuesta institucional?

La jerarquía teme mover una pieza del tablero porque sabe que el edificio entero tendría que replantearse. Teme que reconocer a las mujeres como sujetos sacramentales implique revisar la teología del poder, la estructura clerical, el monopolio masculino sobre el altar.

No es el Evangelio lo que bloquea a la jerarquía; es la jerarquía la que bloquea al Evangelio.

Karl Rahner ya lo había anticipado: la Iglesia del futuro será una Iglesia de pequeñas comunidades o no será

Rahner afirmó que, frente a la rigidez institucional, la Iglesia del futuro se configuraría como pequeñas comunidades de fe, espacios informales donde el Evangelio se vive antes que se reglamente. Hoy esa profecía está en pleno cumplimiento.

En todo el mundo, mujeres, personas no binarias, laicas, teólogas, líderes comunitarias y fieles comprometidos están sosteniendo comunidades donde se ora, se acompaña, se bendice, se proclama la Palabra y se celebra la vida.

Mientras la jerarquía insiste en cerrar puertas, estas comunidades las abren.

Estas redes ya están reconstruyendo desde abajo una Iglesia más cercana al movimiento de Jesús que al palacio curial.

Los movimientos de mujeres sacerdotisas, las comunidades católicas inclusivas, las redes cristianas de base son la expresión viva de un cristianismo que no está dispuesto a esperar a que Roma resuelva sus propios miedos políticos.

Una institución que teme perder control no puede escuchar al Espíritu

La Iglesia jerárquica habla del Espíritu Santo con solemnidad, pero actúa como si el Espíritu fuera un funcionario subordinado a los dicasterios. La comisión afirma no poder emitir un juicio definitivo, pero insiste en que las mujeres no pueden ser admitidas al diaconado. Es un mensaje que combina arrogancia doctrinal y profunda inseguridad institucional.

La estructura teme abrir un proceso que ya ha comenzado sin ella. Teme reconocer la autoridad espiritual que las mujeres ya ejercen. Teme legitimar un movimiento que no nació en los palacios vaticanos, sino en las periferias donde el Pueblo de Dios se juega la vida.

Los líderes eclesiales más razonables, atrapados entre lo que saben que es verdad y lo que temen admitir públicamente, se quedan inmóviles. Paralizados por el fantasma de la ruptura interna, pero incapaces de ver que la verdadera ruptura ya es la distancia entre el Evangelio y la jerarquía.

La renovación no vendrá de arriba: vendrá de abajo, como siempre

La historia de la Iglesia es clara: nunca ha sido la jerarquía la que inicia las grandes transformaciones.

No lo hizo con la liturgia.
No lo hizo con la misión.
No lo hizo con la vida religiosa.
No lo hizo con la opción por los pobres.
No lo hará con la igualdad de las mujeres.

La renovación, cuando llegue, brotará de esas comunidades informales que Rahner vislumbró: pequeñas, resistentes, creativas, conectadas por la gracia y no por la obediencia ciega.

Comunidades que ya viven el Evangelio que la institución teme proclamar. Una de estas comunidades que quiere ir por este camino renovado es la Asociación Cristianía

Abandonemos a esta jerarquía a sus contradicciones

La negativa del Vaticano no es solo un error doctrinal ni un retroceso pastoral: es la confesión de una jerarquía que ya no es capaz de guiar al Pueblo de Dios.

Un papado que teme romperse no puede liderar.

Una curia que teme perder control no puede discernir.

Una Iglesia que teme a las mujeres no puede decir que sigue al Jesús que confió todo al testimonio de una mujer.

El Evangelio sigue en marcha.

La jerarquía está detenida. Toca crear comunidades de base inclusivas en todo el mundo que caminen ya sin el lastre de unos líderes miedosos, enfermos o corruptos.

La pregunta ya no es si la jerarquía permitirá que las mujeres ejerzan el ministerio sacramental. La pregunta es cuánto tardará en reconocer lo que ya está sucediendo: que la renovación auténtica viene —una vez más— desde abajo, desde las mujeres, desde las periferias, desde el Espíritu que la jerarquía no puede domesticar.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

 


Un aplazamiento inaceptable (Comunicado de Redes Cristianas sobre el diaconado femenino)


Redes Cristianas se une a distintos grupos católicos de todo el mundo que muestran su decepción y desánimo ante la reciente decisión del Vaticano sobre el diaconado femenino. La cuestión sigue de nuevo aplazada ante el informe de la Comisión (5 votaron a favor, cinco en contra) encargada de estudiar esa posibilidad. La Iglesia Católica se aleja más y más de uno de los signos de los tiempos más claro en el siglo XXI: la igualdad de las mujeres a todos los efectos en relación con los hombres en la sociedad.

Esta igualdad no consiste en ensalzar a las mujeres por serlo, como escuchamos con frecuencia a miembros de la jerarquía eclesiástica, no se trata de ser mejores o peores, sencillamente se pide que se cumpla lo ya dicho por San Pablo en la Carta a los Gálatas: “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Una de las peticiones más nítidas de los cuestionarios para el Sínodo de la Sinodalidad fue justamente la del papel de la mujer en la Iglesia. Otra vez, clara muestra de lo que significa el sensum fidelium, el sentido de los fieles.

En 1975, la Comisión Bíblica Pontificia confirmó que no había nada en la Escritura que llevara a excluir a las mujeres de la ordenación sacerdotal. Hasta el momento ningún Papa ha dado el paso para el acceso, no ya al presbiterado, sino al diaconado.

Es evidente, como recientemente ha dicho el Papa León XIV, que la inclusión de las mujeres es una cuestión cultural, y también es seguro que un paso adelante hacia el diaconado femenino causaría polémica en los sectores más conservadores de la Iglesia, pero el Evangelio nos nuestra a Jesús de Nazaret, que luchó y rompió esquemas en tantos aspectos de la sociedad de la época.

Por otro lado, la escasez cada vez mayor de sacerdotes está llevando a situaciones que no deberían ocurrir: comunidades que no pueden celebrar la Eucaristía en mucho tiempo, sacerdotes de edad avanzada que están al cargo de muchos pueblos y parroquias…¿Hacía dónde se encamina la Iglesia Católica con la puerta cerrada a las mujeres, a los laicos en general, para tantas funciones y ministerios que podrían desempeñar perfectamente, incluida la ordenación sacerdotal?

Pedimos una vez más al Papa León XIV que reconsidere ese aplazamiento que no se entiende y es inaceptable, que sitúe a la Iglesia en el siglo XXI. Igual que está haciendo con sus proclamas en favor de la paz y del desarme y a favor de los emigrantes, es urgente que en la Iglesia sea una realidad la igualdad plena entre sus miembros, como ya ocurría en los primeras comunidades cristianas y que con el devenir de la Historia, se ha perdido. Si una mujer puede ser Gobernadora de la Ciudad del Vaticano, o estar al cargo de un Dicasterio, ¿por qué no puede acceder al diaconado y al sacerdocio?

En nuestra aportación al Sínodo de la Sinodalidad, en la parte de propuestas, decíamos:

Pensamos y tenemos experiencia de que esta propuesta de Iglesia es posible:

* Si somos capaces de organizarnos como sociedad de iguales, superando en igualdad la misma formalidad democrática que ya estamos realizando en la sociedad civil. Como dejó escrito Pablo en Gálatas 3, 28 donde “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” [pongamos papa-obispos-sacerdotes-laicos, varones-mujeres, LGTBI+…]. Ante esta consecuencia directa del Evangelio proclamada por Pablo, ya no se puede mantener, en el mundo de hoy, una Iglesia de clases y corporativismos donde el poder anacrónico se reparte solo entre varones y al margen de la formalidad democrática. Todo lo que puede hacer un varón en nuestras comunidades es igualmente posible y apropiado para la mujer y, por tanto, la Iglesia debe incorporar a la mujer [y a las otras personas diferentes] a todas sus funciones, tanto de reflexión, como de gobierno y de celebración.

Las comunidades cristianas populares
de Zaragoza, pertenecemos al grupo
de Redes Cristianas.

lunes, 8 de diciembre de 2025

 Tomado de Religión Digital

¿Teme la Iglesia Católica a la mujer?


No hace falta leer el reciente informe de la segunda comisión de estudio sobre el diaconado femenino para concluir que la Iglesia Católica en el fondo tiene pánico de las mujeres.

¿Me pregunto muchas veces si los exégetas y teólogos de otras confesiones cristianas que interpretan de otra manera los textos bíblicos admitiendo el diaconado, el sacerdocio y el episcopado de la mujer están tan equivocados? ¿Acaso tenemos la exclusiva?

Una buena interpretación de la Biblia, de la Tradición, y una sana Antropología, nos debería llevar a la conclusión que la Iglesia en el tema del Diaconado femenino está perdiendo un tren peligroso

jueves, 19 de junio de 2025


El crecimiento de las ultraderechas es una mala noticia para la humanidad. La cúpula de la iglesia española (Mons. Argüello) no debería abrazar ese camino.

Desde la Coordinadora Estatal de Comunidades Cristianas Populares (CCP) señalamos el espantoso avance de las ultraderechas en Europa -y si el destino no lo remedia, pronto también en España-, a la vez que denunciamos sus planteamientos racistas y de odio por inhumanos, antidemocráticos y peligrosos para la convivencia y la paz…

Nos preocupa el crecimiento de la ultraderecha en nuestro país, en Europa y en el mundo, porque actúan como una internacional del odio que deshumaniza la política e impone relaciones basadas en la fuerza, y sus planteamientos son similares al nacismo y al fascismo que, en sus diversas formas, socavan la democracia y los valores democráticos de respeto a los derechos humanos. Por todo ello creemos que el crecimiento de lasultraderechas es una mala noticia para la humanidad.

Andábamos redactando esa “Otra voz de Iglesia” que es “La voz de CCP” sobre la espiral de odio, racismo y xenofobia que especialmente están alentando las ultraderechas en el mundo, cuando nos sale el presidente de la CEE, monseñor Luis Argüello tomando partido descaradamente, alentando la dimisión del presidente Sánchez y pidiendo elecciones adelantadas. Nos preocupa -y denunciamos- que la cúpula de la iglesia católica en España, tome partido tan descaradamente.

¿Puede y/o debe una persona de su cargo, que representa a toda la iglesia católica española, tomar partido en contra de los valores evangélicos de igualdad y solidaridad…? Siempre hemos conocido –y denunciado- las conexiones de algunos obispos españoles, de movimientos neocons o de organizaciones neonazis como “Hazte Oír” o “Abogados Xnos”… con el partido ultraderechista español VOX.

Asimismo sabemos que éste partido busca habitualmente la complicidad y las bendiciones de los jerarcas españoles para ganar su particular “batalla cultural” y que moviliza a los y las creyentes más ultras con mensajes populistas y mentiras que avivan el odio hacia “los otros”, sean inmigrantes, homosexuales, nacionalistas, podemitas o simplemente pobres.

Igualmente hemos denunciado ciertos anacronismos como esos premios de Hazte Oír al Sr. Abascal, las declaraciones episcopales fuera de toda ética o esa presencia del presidente de la CEE clausurando un curso de VOX y Le Pen. Pero en su avance extremista, el presidente Luis Argüello, pidiendo elecciones anticipadas y posicionándose con los planteamientos del PP y VOX tan abiertamente, creemos que se extralimita.

Como seguidores de Jesús de Nazaret, que muy al contrario siempre defendió a los últimos y empobrecidos, queremos dejar constancia -en clave eclesial- de esta corrección fraterna, que no significa -en ningún momento- que desde las CCP tratemos de defender la inmoralidad y falta de ética de los diferentes casos de corrupción que acosan al PSOE. Igual que en su día censuramos los casos que condenaban al PP como el partido más corrupto de Europa y organización criminal para delinquir, hoy lo hacemos, aún con las salvedades de presunción de inocencia hasta que haya juicio, con el PSOE.

Finalmente, como Comunidades Cristianas Populares en el seguimiento a Jesús, denunciamos esta derechización eclesiástica tan contraria a un Evangelio que es mensaje de amor, justicia, solidaridad, tolerancia, esperanza; y lamentamos esta derechización social fruto de la ignorancia política, de la falta de pensamiento crítico y consecuencia de la manipulación de los medios, que optan por la desinformación y contribuye a la falta de una buena educación cívica, crítica y socializadora.


Coordinadora Estatal de Comunidades Cristianas Populares. 18/06/2025. Día
del Corpus Cristi.

miércoles, 30 de abril de 2025

 Comunicado de Redes Cristianas sobre el próximo Papa



Ante la inminencia del cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco, desde REDES CRISTIANAS sentimos la necesidad de compartir algunas reflexiones que consideramos urgentes.

El pontificado de Francisco representó una ruptura significativa con la etapa anterior, caracterizada por papados de orientación conservadora. Su sensibilidad hacia los pobres y excluidos, su impulso por una Iglesia más abierta, fraterna e inclusiva, y su valentía para cuestionar estructuras de poder despertaron esperanzas en amplios sectores del pueblo creyente. Por ello, muchos fieles temen hoy que su sucesor no comparta ese talante y que el proceso de reforma iniciado sufra una involución. Compartimos esta preocupación y deseamos que el nuevo pontífice consolide y profundice el camino de solidaridad con los oprimidos, de denuncia profética de las injusticias y de construcción de una Iglesia que viva la igualdad y la dignidad de todos sus miembros.

Valoramos positivamente la actitud reformista de Francisco, quien encomendó al Sínodo de la Sinodalidad la tarea de identificar y corregir aspectos inadecuados de una tradición eclesial de siglos. No obstante, lamentamos que, a pesar de su talante renovador, persisten realidades como el dogmatismo, el culto látrico y la estructura jerárquico-clerical. La tarea de erradicar estas lacras sigue pendiente, y consideramos que el nuevo Papa debería comprometerse activamente en su superación.

Entre los desafíos más urgentes que el futuro pontífice debería enfrentar señalamos: la crisis provocada por los casos de pederastia, la persistencia de actitudes clericalistas, las discriminaciones basadas en género, orientación sexual o condición social, y la falta de apertura al diálogo ecuménico e interreligioso. Asimismo, es fundamental que la Iglesia reconozca la importancia de respetar la laicidad, favoreciendo una convivencia donde la fe sea fermento de libertad y servicio, y no imposición en la esfera pública ni sobre las conciencias individuales.

Sin embargo, consideramos fundamental ir más allá de las expectativas depositadas en una sola figura. El método de elección papal, reservado a unas decenas de cardenales designados por pontífices anteriores, refleja una forma elitista y no democrática de gestión eclesial, en contraste con el ideal de una Iglesia como “pueblo de Dios”. Confiar todo al perfil personal del próximo Papa perpetúa una lógica de dependencia vertical —una forma de “papalatría”— que desdibuja la responsabilidad colectiva de toda la comunidad creyente.

Queremos reafirmarlo con claridad: el proyecto de Jesús de Nazaret, y no la autoridad personal de ningún líder, debe ser siempre la fuente y la medida de la vida eclesial. La verdadera fidelidad al Evangelio exige que el protagonismo recaiga sobre todo el pueblo creyente, animado por el Espíritu, discerniendo y actuando en comunión. El papel del Papa y del episcopado sólo se justifica en la medida en que permanezcan fieles al mensaje de Jesús, impulsando una Iglesia “en salida”, al servicio de la vida y de la esperanza de los pueblos, especialmente de los más pobres y olvidados.

Anhelamos una Iglesia que viva desde la humildad, respete la autonomía de las realidades civiles y ofrezca su fe como propuesta libre y liberadora. Una Iglesia que no pretenda dominar los espacios sociales ni políticos, sino que sea profética en su palabra, laica en su espíritu y fraterna en su vida cotidiana. Una Iglesia que implemente las propuestas del Sínodo de la Sinodalidad, promoviendo igualdad real en su interior, donde la jerarquía sea servicio y no poder, donde se aborden temas pendientes como el celibato opcional de los clérigos y la participación igualitaria de las mujeres y de todos los bautizados, sin exclusiones por género, orientación sexual o condición social, tal como ocurría entre los primeros seguidores de Jesús.

Soñamos con una Iglesia que asuma el diálogo ecuménico e interreligioso no como un gesto de mera tolerancia, sino como una vocación auténtica de construir puentes, reconocer la acción del Espíritu más allá de sus límites institucionales y colaborar activamente en la promoción de la paz, la justicia y el cuidado de la creación. En este compromiso con la paz, es indispensable un rechazo claro de toda forma de guerra y, especialmente, de las matanzas masivas que desfiguran la dignidad humana y destruyen pueblos enteros. La fidelidad al Evangelio exige un testimonio radical a favor de la no violencia y de una cultura de encuentro. Asimismo, el clamor de la Tierra y de los pobres reclama una conversión ecológica más decidida: abrazar una opción ecológica no sólo como un discurso, sino como una praxis concreta que cuestione los estilos de vida insostenibles y las estructuras injustas que generan exclusión y devastación ambiental.

En este camino de renovación, resulta esencial fortalecer la cohesión de las diversidades existentes en el seno de las iglesias, entendiendo la pluralidad de tradiciones, culturas y sensibilidades no como un obstáculo, sino como un don que enriquece la comunión. Esta apertura a la diversidad debe ir acompañada de una apuesta decidida por profundizar los intentos de comunidad real, donde se escuchen y valoren todas las voces, especialmente las que históricamente han sido marginadas. En esta línea, se vuelve urgente que las iglesias, particularmente aquellas con fuerte arraigo nacional o privilegios históricos, renuncien a posiciones de poder que contradicen el testimonio evangélico.

El futuro de la Iglesia no se juega únicamente en la elección de un nombre, sino en la decisión cotidiana de sus miembros de vivir según la lógica del Reino: justicia, fraternidad, misericordia y libertad.