miércoles, 4 de noviembre de 2026

 

LA FUENTE DEL BURRO



En Canfranc, Huesca, España, hay un suave sendero que zigzaguea por un tupido bosque de abetos y hayas, con sus márgenes bordados de musgos y helechos y que es como un libro abierto. Conforme acompasas los pies por el camino parece que llevas el dedo índice de una linea a otra de sus páginas. Es la meditación peripatética o paseante, inmersión conjunta en la naturaleza y el pensamiento sentiente,

Subes cabizbajo, mirando piedras y palos para no tropezar, y de vez en cuando alzas la mirada al entreverado techo de hojas y luz. En ese compartir suelo y techo, las piedras y palos abajo el mosaico de hojas y luz en lo alto, vas fundiendo en tu mente un sinfín de cuestiones barrocas y amagos inintencionados de respuestas evidentemente fallidas. Por supuesto que las de siempre. Las propician las primeras impresiones, en ese bosque clareado, los gozos de luz que aparentan resolver algo. Son fruto, más de tu corazón que de tu pensamiento, descansillos entre el ascenso y descenso de la mirada.

El primer atisbo es que no puedes dejar de mirar arriba y abajo, como el picoteo de las gallinas. Porque si te dejas llevar de una sola mirada o no sabes donde vas o te puede caer. Somos materia que dice yo y nosotros y mundo. Que se enreda cuando dice Dios. Y que vale más seguir el camino desechando falsos desvíos que obedecer la pauta del siempre hacia arriba.

La Fuente del Burro es un destino a medias, meta intermedia del Sendero del Corzo, es decir, de los altos escarpados volcados a los cortados y pedreras o sea precipicios, peligros, maravillas y dioses. La fuente está a un tercio de camino y a media hora. Probablemente fue un burro el investigador que descubrió la fuente. En su esfuerzo vicario de los repobladores, en su nido de cuco de caballos e ingenieros llegaría exhausto burro, a la pequeña vaguada y allí mientras despotricaba, rezaba y lloraba le brotaría el agua como a Moisés la llama en la zarza.

La fuente del Burro es ilustre por dos motivos, porque revela verdad y porque es un burro quien recibe la revelación. Ni ángel dicente ni virgen oyente sino un humilde burrito y un parto de agua, antes montaña embarazada. El burro es un animal que aguanta todo, presta sus servicios calladamente y nadie le agradece nada, solo recibe paja. En la carrera de la vida, su dorsal recibe más palos que caricias y por cada rebuzno se gana una blasfemia, como si fuera Dios el culpable y no el arriero. Queda ipso facto excomulgado

Allí, en el susurrante y boquiabierto manantial se juntan la humildad del burro y la grandeza de la montaña, la pocita de la memoria y el hilillo de la inteligencia. ¡Qué gusto beber a manos llenas! Me remojé la cara y se me mojó el cuello y el chándal. Sentí como un escalofrío y volví a beber el agua bendita de la montaña.

Y cuando ya había agotado tal tónica, tan fresca y revitalizadora, oí la voz del burro que me decía: no subas más pues no hay un Dios allá arriba. A mí me obligan a subir y me pegan si me paro. Los humanos cargan sobre mí los fardos de su existencia, pero tú eres libre y puedes decir que no hay un Dios allá arriba y que tampoco está en todas parte y dejar de subir, aunque sigas andando, pues la altura de miras no es la del águila carroñera sino la de los burros que miran siempre desde abajo, llevan el alimento, y ni para comer matan. Por si fuera poco, caminan peligrosamente al borde del vacío o sea de la metafísica, pudiéndolo hacer con toda seguridad por el ancho del camino y de la vida. ¡Y se les tiene por tontos! Otros más listillos que los burros ya se han despeñado.

A esas palabras tan profundas esto le contesté: Probablemente no hay un Dios allá arriba, pero si hay bondad y belleza aquí abajo. Probablemente arriba sí hay una roca o prado al final del camino, nada sabemos de arriba. Pero nunca se debe subir porque lo indique un mapa, o por obediencia a un guía, tu sabes bien a dónde vas, a pesar de tantas orejeras, en tu caso y en el mío! Sí subirás por gusto, llevado de la belleza que a mí también me ha traído hasta aquí. Tu bella servicialidad me ha traído a tu fuente.

Hay sentido y valor en lo que dices y en lo que eres. Hay belleza y decisión en lo que sientes, pequeña y sacrificada criatura. En ti, animal como yo, pero mal considerado por pobre y rudo, reconozco la sublimidad que caracteriza todas las cosas.

A lo que me contestó la voz lastimosa del burro: a mí no se me ha dado la oportunidad de entender eso, tú eres mayor que yo y has llegado más tarde, con muchos antepasados y con más sabiduría, no la desperdicies. Desengaña a tu gente de su estrecha y vieja visión, que beban agua natural de montaña y no agua encapsulada en el plástico de las tertulias, las homilías y catecismos.

Me despedí de la Fuente renovado y emprendí camino de bajada, el mismo que el de subida pero diferente, pues yo ya iba con otro norte y talante. Sin el dios de arriba y con el no dios de abajo. Entonces decidí, entre piedra y palos, soles y sombras, subir a la fuente cada día, de madrugada, como a santo oráculo. Sin pereza, con ganas, para evitar que ningún sol ciegue la sinceridad de mis desmontes interiores y para que miles de reflejos me orienten y den fuerza.


Santiago Villamayor. 
Canfranc.2024

  Nueva concatoria

martes, 27 de octubre de 2026

 



DÉCIMAS DE LA VIVIENDA

DEMETRIO ORTE, demeorte@gmail.com
VALENCIA

ECLESALIA, 26/10/26.- 1/

El derecho a la vivienda
es un derecho primario:
es de lo más necesario
un techo que nos defienda
y la intemperie trascienda.
Una casa como hogar
de acogida familiar,
vivienda para vivir,
para poder convivir
y los sueños realizar.

Será deber del Estado
cumplir la Constitución
que le da la obligación
de que el derecho citado
pueda ser realizado.
Ha de evitar con razón
que la especulación
ponga el precio de las casas,
que si además son escasas
impide su adquisición.

Pero es verdad que vivimos
en pleno capitalismo
y predomina el rentismo
y su abuso lo sufrimos;
y por eso exigimos
que los fondos de inversión
no metan mano al cajón
del negocio de las casas.
Que el Gobierno con sus tasas
pare la especulación.

Las casas para vivir,
de residencia y de ocio,
pero no para negocio
a costa de exprimir
a quien no puede adquirir.
Y quien vive en alquiler
pueda vivir sin tener
que agobiarse por el pago,
el desahucio o el amago
de ver su vida perder.

Que haya vivienda asequible
en proporción al salario;
que el trabajador precario
tenga un sueldo compatible
con un alquiler posible.
Que personas vulnerables
o en contextos miserables
no puedan ser desahuciadas
si no son solucionadas
sus carencias evitables.

La acampada es un clamor:
que no haya gente sin casa
y que no haya tanta casa
sin gente en su interior.
¡No al especulador!
Que no haya un desahucio más,
ni vuelva a pasar jamás
morir de pena y tristeza
por la inhumana bajeza
de quien quiere ganar más.

La vivienda es un problema
pero tiene solución
con la movilización
que ponga en la mesa el tema
y que cuestione el sistema.
La persona es lo primero;
no es el poder ni el dinero.
Defender la dignidad,
justicia y humanidad:
Eso es todo lo que quiero.




viernes, 23 de octubre de 2026

miércoles, 21 de octubre de 2026



Estos días en los que se está hablando tanto de vivienda nos recuerdan algo que no podemos ignorar: el sinhogarismo sigue aumentando, no solo en adultos, sino también en jóvenes e infancia (*).
Las consecuencias del sinhogarismo marcan de por vida a quienes lo sufren, muy especialmente a las personas más jóvenes, porque un hogar es más que un techo: es nuestro lugar en el mundo, al que pertenecemos.

Detrás de cada situación hay historias de personas que sufren, historias llenas de humanidad, de personas excluidas que buscan un lugar propio en la sociedad y en la comunidad.

Por eso es tan importante que, como sociedad, escuchemos a las personas sin hogar, y no las ignoremos: las comprendamos, y no las juzguemos; y que, en vez de rechazo, sientan que tienen otra oportunidad.






miércoles, 14 de octubre de 2026



Se cumple un año del acuerdo de “alto el fuego” en Gaza. Y lo digo así, entre comillas, porque desde entonces:
​ Las fuerzas israelíes han matado a más de 1.400 personas, entre ellas al menos 324 niños y niñas. Las familias y los equipos de rescate han tenido que recuperar cientos de cuerpos de entre los escombros, a menudo con sus propias manos porque Israel no permite la entrada de la maquinaria necesaria.
​ Casi dos millones ya no tienen un hogar al que volver. Más del 80% de los edificios de Gaza están dañados y cerca de dos tercios están destruidos. Cientos de miles de familias viven en tiendas de campaña, refugios improvisados o casas dañadas. Se enfrentan a un cuarto invierno expuestas al frío, el viento y las inundaciones.
​ El sistema sanitario sigue colapsado: ni un solo hospital de los 36 que hay en Gaza funciona plenamente. Faltan medicamentos, equipos y combustible. Más de 18.500 pacientes, entre ellos al menos 4.000 niños y niñas, necesitan evacuación médica. Más de 1.000 han muerto mientras esperaban.
​ Alrededor de 1,4 millones de personas se enfrentan a una hambruna crítica. Además, el agua insalubre y los sistemas de saneamiento devastados favorecen que se propaguen enfermedades.

Ha pasado un año y casi nada ha camibiado

Salvo que Gaza ya no aparece en los medios de comunicación y que Israel continúa con el genocidio de la población palestina.

En Amnistía Internacional lo tenemos claro: la rendición de cuentas no puede quedar sepultada bajo los escombros. Seguimos trabajando para llevar a los responsables frente a la justicia y que rindan cuentas.

lunes, 12 de octubre de 2026



Coplillas disidentes.


La Virgen del Pilar dice

a los que están en la plaza

que trabajen por la paz

y no se olviden de Gaza.


María de Nazaret

era mujer palestina.

Hoy preferiría ser

una mujer feminista.


La Virgen dice que quiere

no estar siempre en el pilar,

que se aburre y que prefiere

con la gente caminar.


Para que lo entiendan bien

hasta los maños más brutos

la Virgen quiere también

menos flores y más frutos.


Se queda corto en amor

eso de la Hispanidad.

Jesús quería el amor

a toda la Humanidad.



Deme Orte.12 Octubre 2026

viernes, 9 de octubre de 2026

 Tomado de 

GENTE QUE LEYÓ EL EVANGELIO Y LO ENTENDIÓ
Entre las tiendas de Sol también hay jóvenes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y la Juventud Estudiante Católica (JEC), movimientos vinculados a Acción Católica. Clara Rodríguez, presidenta de la JEC, y Alex Bernet, del secretariado de la JOC, llegaron el martes después de participar en Elche en una campaña sobre vivienda bajo el lema «Defender nuestro derecho: todas bajo un techo». Plantaron su tienda y se quedaron a dormir con el resto. Su explicación desmonta bastante caricatura: «Nuestra fe nos mueve a no quedarnos quietos», dice Clara. Alex lo resume todavía más claro: «El seguimiento de Jesús no se entiende sin llevar la fe a la vida».
Y van bastante más lejos que la estampita. La JOC lleva meses denunciando que los jóvenes trabajadores no pueden emanciparse por culpa de los alquileres y sostiene que la vivienda se ha convertido en una mercancía que condiciona toda su vida. En Sol, Bernet compara directamente el negocio inmobiliario con los mercaderes del templo: recuerda que Jesús los expulsó porque no debía hacerse negocio con aquello que consideraba sagrado y enlaza esa escena con caseros y empresas que extraen rentas de una necesidad básica. Mientras Ayuso habla de una acampada ilegal y grupos ultras han llamado «piojosos» a quienes duermen allí, estos chavales rezan, trabajan, estudian y acampan por el derecho a la vivienda.
Esto es lo que está haciendo tanto daño al relato prefabricado sobre Sol. El joven vago, el perroflauta subvencionado, el antisistema que odia España, el ateo rabioso, el que no quiere trabajar. Vas rascando y aparecen trabajadores, estudiantes, sindicalistas, jubilados, cristianos y chavales que al amanecer recogen el saco para irse al curro.
Hasta Jesús les ha salido inquilino.
A más de uno se le va a quedar pequeña la caja donde llevaba días intentando meter a toda una generación.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

 

¿Desahuciar a Argüello?


"Cargados de paciencia, los cristianos seguimos esperando. Pero, mientras tanto, nos sumaremos a esas iniciativas ciudadanas que, desde la aconfesionalidad, sí están demostrando la solidaridad y la humanidad evangélica que la Iglesia española, anclada en la vieja inercia de sus siglos de gloria, no ha sido capaz de demostrar hasta ahora"


Muchos creyentes, bien cargados de paciencia y de misericordia, pedimos a la Conferencia Episcopal que reconstruya la credibilidad perdida con un compromiso más decidido por el Evangelio, que reconduzca la ideología reaccionaria e inflamable de sus medios de comunicación, que abra ejemplarmente sus inmuebles a las necesidades sociales y que las mitras y los báculos y las cruces pectorales estén más presentes en la agitación de las calles, al lado de los que sufren



jueves, 24 de septiembre de 2026


Cuando el hogar se convierte en cruz: una mirada evangélica al desahucio de Maricarmen

José Carlos Enríquez Díaz
23 sep 2026

El desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años, enferma y vulnerable, no es solo una noticia más dentro de la crisis de la vivienda en España. Es, ante todo, un signo de los tiempos. Un espejo incómodo que refleja hasta qué punto nuestra sociedad ha perdido el sentido evangélico de la justicia, la compasión y la dignidad humana.




martes, 22 de septiembre de 2026

A través de las redes nos llega esta opinión
sobre la migración,  más es concreto
sobre lo ocurrido en Ceuta.
Al margen de que no se esté de acuerdo
con aspectos de lo que se expresa, no
podemos negar que el trasfondo
rezuma un cierto cariz evangélico,
o humanitario si se prefiere

 La inmigración solo interesa cuando sirve para generar miedo, no cuando obliga a hablar de derechos, explotación o desigualdad.

“Yo también soy migrante, sí; migrante televisivo. El insoportable olor a indecencia informativa.

La pregunta es incómoda por lo evidente: ¿por qué Carlos Herrera en COPE, Susanna Griso en Antena 3, Ana Rosa Quintana en Telecinco o Iker Jiménez en Cuatro abren sus programas con imágenes de migrantes entrando en Ceuta, pero nunca muestran a esos mismos migrantes trabajando en los campos de Huelva, en los invernaderos de Almería o invisibilizados en la transformación demográfica de Mallorca y Canarias?

La respuesta es sencilla: la inmigración solo interesa cuando sirve para generar miedo, no cuando obliga a hablar de derechos, explotación o desigualdad.

Ceuta es el escenario perfecto para fabricar alarma. La frontera se convierte en espectáculo: un teatro donde se representa la obra favorita de ciertos medios, la del “ellos” que llega y el “nosotros” supuestamente amenazado.

Cada llegada se dramatiza y se exagera hasta convertirla en crisis nacional. No se informa: se amplifica. No se contextualiza: se utiliza como munición política.

El migrante aparece solo cuando encaja en el papel de amenaza, nunca cuando encaja en el de trabajador.

Si las cámaras se desplazaran a Huelva o Almería, el relato se vendría abajo.

Allí miles de migrantes sostienen la agricultura española con jornadas interminables, salarios precarios y chabolas sin agua ni luz.

Allí no hay invasión: hay explotación. Allí no hay alarma: hay dependencia económica.

Mostrar esa realidad obligaría a hablar de responsabilidad empresarial, de políticas públicas y de derechos laborales.

Humanizaría a quienes en Ceuta se presentan como problema. Por eso Huelva no existe en el mapa mediático que estos comunicadores alimentan cada mañana.

Mientras tanto, se repite el discurso de que ciertos migrantes “no se integran”, “no hablan el idioma” o “quieren imponer su cultura”.

Un discurso automático, casi mecánico. Pero la realidad es mucho más irónica.

Llevo dieciséis años viviendo en una urbanización levantada durante el boom inmobiliario, pensada casi exclusivamente para extranjeros, sobre todo británicos.

Ellos no la llaman por su nombre oficial, “Pinada…”, sino “La Pequeña Inglaterra”.

Y el apodo no es inocente: es una frontera cultural con bandera incluida.

No hablan castellano, no intentan aprenderlo, mantienen horarios, costumbres, bares y fiestas británicas.

Viven en España, pero no viven con España. Y, sin embargo, nadie les exige integración. No hay tertulias indignadas, ni reportajes alarmistas, ni debates sobre su falta de adaptación.

Lo mismo ocurre en Palma de Mallorca, donde los alemanes compran barrios enteros y viven como si la isla fuera una extensión de Baviera.

O en Canarias, donde ingleses y nórdicos mantienen sus burbujas culturales sin mezclarse ni aprender el idioma.

Y, de nuevo, ningún medio convierte eso en problema. No sirve para generar miedo, así que no existe en televisión.

En cambio, cada mañana veo a quienes barren nuestras calles —muchos de ellos marroquíes— saludando en castellano, esforzándose por comunicarse y convivir.

La experiencia cotidiana desmonta por completo el discurso mediático: los que supuestamente “no se integran” son, en muchos casos, quienes más lo intentan. Y quienes viven aislados en burbujas impermeables son precisamente aquellos que nunca aparecen en los debates sobre integración.

La integración no depende del origen ni del color de piel: depende de la actitud y de la voluntad de convivir. Pero los medios solo señalan a quienes encajan en el relato del miedo.

Lo mismo ocurre en Mallorca: la verdadera ocupación no la protagonizan migrantes pobres, sino europeos con alto poder adquisitivo que compran viviendas a precios inalcanzables, expulsan a residentes y convierten la isla en un parque temático para ricos.

Pero esa ocupación no aparece en los programas matinales. Hablar de ella implicaría cuestionar un modelo económico basado en turismo, especulación y privilegios. Implicaría criticar a quienes tienen poder, no a quienes llegan sin nada.

- La selección mediática es ideológica.
- Se muestra al migrante cuando llega a nado, nunca cuando trabaja.
- Se muestra la frontera cuando hay drama, nunca cuando hay explotación.
- Se muestra la “invasión” de pobres, nunca la ocupación de ricos.

Por eso Ceuta sí y Huelva no. Ceuta sí y Mallorca no.
Ceuta permite fabricar alarma; Huelva y Mallorca obligan a hablar de derechos y desigualdad.
Ceuta es espectáculo. Huelva y Mallorca son realidad.

Y en ciertos medios, la realidad solo importa cuando refuerza un relato, nunca cuando lo cuestiona.”

miércoles, 16 de septiembre de 2026




Mensaje final del 45 Congreso de teólogas y teólogos 'Juan XXIII'

Asociación de Teólogos y Teólogas 'Juan XXIII'

Del 11 al 13 de septiembre de 2026 hemos celebrado el 45 Congreso de Teología sobre CREAR COMUNIDAD, CONSTRUIR CIUDADANÍA, convocado por la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII con participantes de diferentes países y continentes. En él hemos hecho una reflexión interdisciplinar sobre el tema con el apoyo de especialistas en ecología, sociología, antropología, filosofía, teología, ciencias políticas y jurídicas y hermenéutica bíblica, y las intervenciones de las personas participantes. Estas son las conclusiones.

1. Estamos viviendo una creciente fragmentación social, una desigualdad económica cada vez más profunda, una crisis de la ciudadanía y una destrucción de los lazos comunitarios tanto en la sociedad como en las religiones y, muy especialmente en el cristianismo.

2. En el Estado capitalista la ciudadanía es exclusiva y excluyente. Incluso en las sociedades democráticas no es un derecho igualitario, sino una mercancía que se hereda o se otorga, se compra y se vende a un precio muy alto, incluso pagándolo con la vida. El capitalismo está en guerra contra los vínculos humanos y las relaciones con la naturaleza y, por tanto, contra la vida, y opera con una lógica sacrificial.

3. El cristianismo institucional tiende a configurarse como una estructura jerárquico-piramidal, patriarcal y clerical, ha perdido los lazos comunitarios fraterno-sororales de sus orígenes y no fomenta el nacimiento y desarrollo de comunidades abiertas, participativas y respetuosas de las diferencias, como tampoco una ciudadanía crítica y activa.

4. Como alternativa, el Congreso de Teología propone una ciudadanía cosmopolita intercultural, interreligiosa, interétnica, inclusiva de las diferencias, cuyas raíces no se conviertan en muros, cuyas identidades no se transformen en fronteras morales y donde lo lejano forme parte de nuestras vidas.

5 Defendemos una ciudadanía formada por comunidades concretas que se reconocen como parte de una humanidad común y no discriminan por razones étnico-culturales, religiosas, nacionales, de clase social, género o identidad afectivo sexual. Una ciudadanía como garantía del derecho a tener derechos y unas comunidades como comunión en la diferencia que se reconocen como iguales.

6. No habrá comunidades verdaderas sin reconocimiento de la pluralidad, ni sociedad igualitaria sin protección de las diferencias. La apuesta por una comunidad plural es la única compatible con la dignidad humana y con el impulso evangélico de una fraternidad-sororidad universal.
7. Necesitamos poner en pie la vida, recomponer los vínculos afectivos, fomentar una cultura del amor basada en la responsabilidad social, llevar a cabo una transición social justa y construir un sistema público de cuidados.

8. Si Dios es relación, la Trinidad es comunión de personas y la comunidad cristiana nace de la fraternidad-sororidad de personas diferentes, la fe cristiana debe impulsar prácticas de hospitalidad, reconocimiento, cuidado mutuo y justicia. Asimismo, debe traducirse en solidaridad con quienes quedan en los márgenes de la ciudadanía: personas migrantes y refugiadas, pueblos sin Estado, mujeres discriminadas, colectivos empobrecidos, personas LGTBIQ+ perseguidas, minorías étnicas y religiosas y clases sociales explotadas.

9. Es necesario reconstruir un cristianismo comunitario que tenga su base en varias experiencias del cristianismo originario:

- el movimiento de Jesús como comunidad de iguales en el que las mujeres tuvieron un protagonismo en la solidaridad desde abajo;
- el Buen Samaritano, que convirtió a la persona malherida diferente en prójimo y practicó con ella la compasión;
- Pentecostés como experiencia de comunidad plural sin homogeneización;
- la experiencia de las comunidades de Jerusalén cuyo ideal era poner en común los bienes el compartir
- las comunidades de Pablo de Tarso donde se pretendía eliminar la discriminación entre hombres y mujeres, judíos y gentiles, esclavos y libres y las mujeres ejercían el liderazgo.

13 de septiembre de 2026.