Se cumple un año del acuerdo de “alto el fuego” en Gaza. Y lo digo así, entre comillas, porque desde entonces:

Las fuerzas israelíes han matado a más de 1.400 personas, entre ellas al menos 324 niños y niñas. Las familias y los equipos de rescate han tenido que recuperar cientos de cuerpos de entre los escombros, a menudo con sus propias manos porque Israel no permite la entrada de la maquinaria necesaria.

Casi dos millones ya no tienen un hogar al que volver. Más del 80% de los edificios de Gaza están dañados y cerca de dos tercios están destruidos. Cientos de miles de familias viven en tiendas de campaña, refugios improvisados o casas dañadas. Se enfrentan a un cuarto invierno expuestas al frío, el viento y las inundaciones.

El sistema sanitario sigue colapsado: ni un solo hospital de los 36 que hay en Gaza funciona plenamente. Faltan medicamentos, equipos y combustible. Más de 18.500 pacientes, entre ellos al menos 4.000 niños y niñas, necesitan evacuación médica. Más de 1.000 han muerto mientras esperaban.

Alrededor de 1,4 millones de personas se enfrentan a una hambruna crítica. Además, el agua insalubre y los sistemas de saneamiento devastados favorecen que se propaguen enfermedades.
Ha pasado un año y casi nada ha camibiado
Salvo que Gaza ya no aparece en los medios de comunicación y que Israel continúa con el genocidio de la población palestina.
En Amnistía Internacional lo tenemos claro: la rendición de cuentas no puede quedar sepultada bajo los escombros. Seguimos trabajando para llevar a los responsables frente a la justicia y que rindan cuentas.
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