lunes, 27 de febrero de 2023

 

Concentraciones de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, 5 de marzo (Zaragoza 12 de marzo) -- Asociación de teólogas españolas


Bajo el lema 'Caminamos juntas por la igualdad y la dignidad en la Iglesia', la Revuelta de Mujeres en la Iglesia convocará actos en 18 ciudades españolas con la intención de "volver a la Iglesia de los orígenes, donde el movimiento de Jesús fue absolutamente igualitario", según explican las promotoras de la iniciativa en un comunicado.
El próximo día 5 de marzo, en Zaragoza el día 12 de marzo, a las 12h, los grupos que forman parte de la plataforma Revuelta de Mujeres en la Iglesia organizan concentraciones en más de veinte ciudades españolas, entre ellas: Barcelona, Bilbao, Burgos, Ciutadella, Córdoba, Granada, Huelva, Las Palmas, Logroño, Oviedo, Santander, Santiago de Compostela, Sevilla, Valencia, Vigo, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza. Este año, las concentraciones se encontrarán bajo el lema «Caminamos juntas por la dignidad y la igualdad en la Iglesia». 

domingo, 12 de febrero de 2023

 sugerente reflexión de José Arregui

¿Cuántos años de cárcel para un agresor sexual?

En octubre de 2022 entró en vigor en el Estado español la “Ley Orgánica de garantía de la libertad sexual”, más conocida como “ley del solo sí es sí”. En ella, todo acto sexual sin consentimiento pasa a ser considerado delito de agresión sexual, eliminando la figura del mero “abuso”. La ley incluye todas las violencias ejercidas contra la mujer por el hecho de serlo. Refuerza las medidas de protección a las víctimas, en particular a la mujer, y se establecen medidas de protección especial para las niñas y niños. Adopta medidas de lucha contra el negocio de la prostitución. Pone el énfasis en la educación afectivo-sexual y en la efectiva igualdad de derechos, recursos y oportunidades de todas las personas independientemente de su identidad de género.

Una ley necesaria, y creo que muy acertada en su filosofía de fondo y en su articulado concreto. Una ley aprobada por una amplia mayoría del Congreso español. Una ley celebrada con práctica unanimidad por las víctimas de toda clase de violencia sexual, en particular por las mujeres, hasta que… Hasta que algunos condenados de acuerdo con la ley anterior empezaron a ver reducidas las penas o incluso a abandonar la cárcel, aprovechando un resquicio (¿inadvertido?, ¿inoportuno?) presente en la nueva ley. Y cundió la “alarma social”, torticeramente provocada o jaleada por la derecha política con todos los medios a su alcance. No le importa defender a las víctimas, sino desgastar al Gobierno de la izquierda social. La rebaja de las penas de cárcel no es más que un pretexto y una burda manipulación de las víctimas –y de los victimarios– en nombre de la justicia. Y van camino de lograr su bajo propósito.

Hay razones para estar preocupado. Como tantos ciudadanos de a pie, miro perplejo cómo unos jueces rebajan las penas y cómo otros, en casos idénticos o análogos, no lo hacen, y no puedo dejar de preguntarme: ¿será que la ley es tan torpe o será que los jueces no son tan imparciales? Tampoco acierto a ver cuál sería la mejor forma de retocar o de reformar la ley, ni siquiera estoy de la necesidad de ningún toque o reforma, salvo que sea para no proporcionar armas o argumentos a la oposición. Mientras tanto, saltan a la vista los conflictos de intereses partidistas – evidentes incluso en el seno del Gobierno de coalición, para desengaño de sus votantes, regocijo de la derecha y perjuicio del bien común de la mayoría de la gente– en esta múltiple precampaña electoral en marcha.

lunes, 6 de febrero de 2023

PRESENTACIÓN DEL LIBRO
OTRA IGLESIA ES POSIBLE
CODEF SÁBADO 4 DE FEBRERO DE 2023


El sábado 4 de febrero pudimos asistir a la presentación del libro OTRA IGLESIA ES POSIBLE La Iglesia popular española. Un camino alternativo de fe cristiana (1969-1999). Es un trabajo de Antonio Moreno de la Fuente y Manuel Collado Broncano, dos históricos de las CCP andaluzas, aunque el segundo esté afincado ahora en Madrid.

La presentación del libro se hizo en el marco de la celebración semanal de la comunidad de CODEF


domingo, 5 de febrero de 2023

 

¡Dejen de explotar y saquear África!


Hablando del desarrollo paralizado y del regreso al pasado, es trágico que estos lugares, y más en general el continente africano, sigan sufriendo diversas formas de explotación. Hay una consigna que brota del inconsciente de tantas culturas y de mucha gente: “África va explotada”, y esto es terrible. Tras el colonialismo político, se ha desatado un “colonialismo económico” igualmente esclavizador. Así, este país, abundantemente depredado, no es capaz de beneficiarse suficientemente de sus inmensos recursos: se ha llegado a la paradoja de que los frutos de su propia tierra lo conviertan en “extranjero” para sus habitantes. El veneno de la avaricia ha ensangrentado sus diamantes. Es un drama ante el cual el mundo económicamente más avanzado suele cerrar los ojos, los oídos y la boca. Sin embargo, este país y este continente merecen ser respetados y escuchados, merecen espacio y atención. No toquen la República Democrática del Congo, no toquen el África.
Dejen de asfixiarla, porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear. Que África sea protagonista de su propio destino. Que el mundo recuerde los desastres cometidos a lo largo de los siglos en detrimento de las poblaciones locales y no se olvide de este país y de este continente. Que África, la sonrisa y la esperanza del mundo, adquiera más importancia; que se hable más de ella, que tenga más peso y representación entre las naciones.

sábado, 21 de enero de 2023

 Tomado de sport.es

Las intrigas prenden en el Vaticano: arrecian los ataques conservadores contra el papa Francisco

Irene Savio
21/01/2023 a las 16:16 CET

La muerte de Benedicto XVI abre la veda a críticas cada vez más feroces contra el Pontífice

El ruido de sables desencadenado por la muerte del papa alemán Benedicto XVI no se debilita dentro de la Iglesia católica. Al revés, la guerra de poder abierta en las últimas semanas sigue subiendo de intensidad, con ataques contra el papa Francisco, procedentes del flanco conservador del Vaticano, cada vez más notorios. La última ofensiva ha llegado del cardenal Gerhard Müller, exprefecto de la Congregación de la Fe (el antiguo Santo Oficio) y conocido crítico del pontífice argentino. “El Papa no tiene el número de teléfono del Espíritu Santo”, ha llegado a decir Müller.

Declaraciones insólitamente claras y duras, hechas al cronista Tom Kington, del diario británico 'The Times', que revelan la estrategia de enfrentamiento abierto que los opositores del Papa argentino han adoptado ahora que Benedicto XVI está muerto. Tanto es así que Müller incluso ha escrito un nuevo libro, titulado 'Buena Fe', que se publicará en Italia a finales de este mes y cuyo objetivo es “ayudar a las personas que tienen problemas con este papado”, ha dicho el purpurado.

CHOQUE IDEOLÓGICO
El enfrentamiento es eminentemente ideológico. “En algunas circunstancias, Francisco parece haber actuado más sobre la base de ideas preconcebidas o cálculos políticos", se lee en el libro, al que EL PERIÓDICO, del grupo Prensa Ibérica, ha tenido acceso y en el que se critican también las posturas del argentino sobre temas tan diversos como la migración, los ritos litúrgicos antiguos y sus ideas geopolíticas. "Puedo aventurarme incluso en algunas explicaciones sociológicas, como el frecuente hecho de que entre los sudamericanos existe una aversión innata hacia los norteamericanos", continúa Müller, en una reflexión sobre el rechazo de Francisco a las rígidas posiciones de la iglesia estadounidense sobre el aborto.

miércoles, 11 de enero de 2023

 Semblanza biográfica de Francisco Marcellán


Francisco Marcellán Mantecón, “Pancho”, nació en Zaragoza en 1940 en el seno de una conocida familia de la burguesía zaragozana de la posguerra y falleció el 10 de enero de este año en la soledad de una clase obrera desdibujada y en la compañía de los inmigrantes a los que acompañaba en Albacete. Fue jesuita obrero, primero en el barrio del Picarral donde llegó nada más terminar su licenciatura en Filosofía y Teología. Al poco tiempo, en 1972, con otros cuatro compañeros formó un nuevo equipo de jesuitas obreros en el barrio de la Química, hoy La Almozara. Cofundador de la Asociación de Vecinos destacó por su activismo para la erradicación de la Industrial Química y la apertura del barrio a las Delicias, separado por la autopista vasco-aragonesa que entraba hasta el mismo centro de Zaragoza.

Su carácter abierto y cercano le granjeó la amistad de muchos vecinos y vecinas que enseguida se sumaron a las reivindicaciones, tanto ciudadanas como a las de la lucha antifranquista, pública y en la clandestinidad, cuando uno se jugaba cárcel y tortura. Fue destacado dirigente sindical en la CSUT, de tenaz radicalidad, y miembro del Partido de los Trabajadores. Fue desterrado de Zaragoza por hablar claro y pelear más fuerte en el Ayuntamiento de la misma ciudad. Más tarde ejerció de profesor de antropología en Albacete, junto con su mujer Isabel, “Mamá Africa” a donde habían concursado juntos por estar en el mismo destino.

Siempre ha sido una llamada a la compasión activa y al análisis riguroso de la situación política. Puso su vida, su pasión y su economía, empobrecida como las gentes del barrio, al servicio de los indigentes, los parados y los inmigrantes. Creó en Albacete, con amigos y amigas de idéntica generosidad, la asociación ACAIM de acogida a los inmigrantes. No había ocasión en la que su conversación no terminara en el amor cívico y la política. Creyente a su manera y ateo de palabra, fue sin embargo un fiel seguidor del amor radical aprendido en la sabiduría y entrega de Jesús de Nazaret. Fiel reflejo de la evolución del cristianismo y de su acercamiento a la izquierda moral, al corazón sincero del publicano y al hermano menor que bajó a los infiernos de la exclusión privándose de todo hasta de la propia satisfacción de considerarse buena persona.

Descanse en paz con los mártires latinoamericanos, con sus hermanos del Picarral, sus camaradas de la lucha obrera y con los inmigrantes cuyo costado abrió la verja de nuestro racismo.

Vicente Collado y Santi Villamayor, compañeros en La Almozara. 11-01.2023


Con el subdelegado del Gobierno en Albacete, Francisco Tierraseca, el presidente de ACAIM, Cheikhu Cisse, su vicepresidente, Javier Marcellán y las voluntarias Eva Hernández y Josefa Martínez Bernal hace unos años.




 En recuerdo de Pancho Marcellan,
luchador incansable,
ejemplo para todos,
solidario y...
amigo como pocos


CON PANCHO, CON PANCHO E ISABEL,

Yo quiero ser llorando, para siempre
el compañero de la ausencia que dejas,
Al menos de tu huelga de vida si no pudo ser de tu tajo, 
compañero del alma, 
hermano y camarada
 
Yo no quiero abandonar nunca la pasión de tu vida 
y estar junto a ti en el vacío que dejas
contra el sistema que mata sin prisas 
y no deja títere con vida

Quiero verte de nuevo entero y derecho
en el combate sin tregua, en la resurrección pendiente,
con Isabel, asesinada por el mismo cáncer y la misma entrega 
por los celos del cielo y la rabia de la tierra

En vuestra casa del mundo
con toda las gentes inmigradas del hambre y las guerras, 
venidas como reyes destronados, del Sur o de Oriente,
a la pobreza de las afueras,
a la falsa blancura del hipócrita Occidente 
y al oscuro sol de la riqueza omnipotente

Quiero veros en el ardiente Utebo
quitando el fusil de la inseguridad ciudadana 
a los amos y autoridades de la guardia civil
 
Quiero veros carretillear panfletos 
envueltos en pacas de algodón
a las cinco de la mañana en la vieja Caitasa

A las cinco de la tarde lidiando lo toros de la disensión 
y en la mañana de los poetas y profetas
creando un mundo otro para que éste sea mejor.
 
Tú nos trajiste a un barrio obrero cuando ese intenso debate en un viejo Dauphine: 
si acaso era más evangélica la lucha de los trabajadores en la Química
o la compañía de los pobres en Valdefierro.
Años inolvidables para los que pronto te seguiremos. 
Tú decías, estamos caducados.
 
Por sacarte de la Asociación de vecinos 
me adentré en ella contigo
y con más gente, con mucha gente, con todo el barrio 
nos llevamos a la Química por delante
y abrimos la fraternidad a las Delicias.

Compañeros del alma, Pancho e Isabel, Isabel y Pancho, 
hijos de la materia incandescente de la vida y la esperanza,
del reino de dios sin dios, de la comunidad atea creyente en el amor, 
sin iglesias, ni dogmas ideológicos, sin certezas,
puro anhelo compasivo sin razones justificantes ni ficciones arrugadas, 
pequeñas nadas en el vacío preñado de incesante creatividad,
en el bosque de la vida donde los árboles se susurran
de boca en boca, de raíz en raíz, la llegada de un nuevo habitante:
“Ven amigo Pancho, a esta tierra nueva que pone libertad donde también Dios está enterrado”.
 
Aún tenemos que hablar de muchas cosas, 
compañero del alma,
compañero y compañera de vida y anhelos.


Santi Villamayor, 10 de enero de 2023

viernes, 6 de enero de 2023

 Tomado de Atrio.org

José Ignacio González Faus, 05-enero-2023

Los mismos que, a la muerte de Juan Pablo II, comenzaron a gritar “santo súbito” y consiguieron una canonización irregular[1], gritan ahora a propósito de Benedicto XVI: “doctor de la Iglesia súbito”. ¿Quiénes son y por qué?

Podrían ser algunos de esos cardenales enemigos de Francisco. Pero si además me dijeran que entre los que reclaman eso hay gente de Vox, de la extrema derecha estadounidense, o el señor Orban, no me extrañaría.

Lo que me temo mucho es que eso no lo piden por el bien de Ratzinger ni por el bien de la Iglesia sino en defensa de sus propios intereses. Pues ese modo de proceder de las fuerzas más reaccionarias y más carentes de argumentos, ha sido frecuente en la historia de la Iglesia. Déjeseme poner un par de ejemplos de ello. Leer artículo completo »

viernes, 30 de diciembre de 2022

Cuento de Navidad

DIEZMOS, DERROCHES Y VACÍOS

Dios ya lo ha dicho todo y se ha quedado en silencio


Parece propio de nuestra humana condición la tendencia a calcular, medir, reservar,  hacer recuentos y particiones. Y eso desde los tiempos del neandertal bíblico, cuando Abrán correspondía al banquete y la bendición de Melquisedec “dándole el diezmo de todo” (Gn 14,20), algo que, de entrada, no parece gran cosa. También Jacob echó mano de su calculadora y, después de reconocer que Dios le había protegido de manera asombrosa, hizo esta promesa: “De todo lo que me des, te daré el diezmo” (Gn 28,22). El mismo Zaqueo, con reconocida fama de rumboso, no se arriesgó más allá de entregar “la mitad de sus bienes” y Jesús tuvo la elegancia de no preguntarle lo que pensaba hacer con la otra
mitad y para cuándo la guardaba.

Da la impresión de que Dios está bastante hecho a la idea de que los humanos, “damos para lo que damos” y, como si hubiera hecho suyo el buen conformar del enamorado Gutiérrez de Cetina, viene a decir por boca de un profeta algo parecido a esto: “Ya que el diezmo me dais, dádmelo al menos”. Por eso aparecen en boca de Malaquías estas palabras sorprendentes: “Esto dice el Señor: traed íntegros los diezmos al tesoro del templo para que haya sustento en mi templo. Y después, ponedme a prueba y veréis cómo os abro las compuertas del cielo y vacío sobre vosotros bendiciones sin medida” (Mal 3,6-9).
Es una afirmación pasmosa, apenas recordada y medio perdida en el último de los profetas menores, pero que se merecería un lugar de honor entre los textos de la liturgia navideña. Porque si hay un momento en que se cumple su profecía, es precisamente en este tiempo en el que Dios, escuchando por fin aquello de “Cielos lloved vuestra justicia”, abre las compuertas de sus bendiciones, las hace llover de manera torrencial y vuelca sobre esta gentencilla estrecha y mezquina que somos, el tesoro de su Hijo. 
Frente a nuestros diezmos bien calculados, Él revela su condición pródiga y excesiva.
Frente a nuestras mitades cuidadosamente reservadas, Él derrocha sin medidas ni límites y la plenitud de su bendición descansa sobre el Niño acostado en un pesebre.
No hay que esperar más palabras porque Dios ya lo ha dicho todo y se ha quedado en silencio. No hay que desear más dones porque no tenía más que ese Hijo y nos lo ha entregado. Nos desconcierta este Dios silencioso y vaciado y solo se orientan en la oscuridad quienes como María, los pastores o los magos guardan una centella de obstinada confianza en el corazón y siguen caminando y esperando.

Aunque sea de noche.

Dolores Aleixandre rscj, Diciembre 2022

viernes, 23 de diciembre de 2022

Una luz de esperanza.

Una utopía gestante
que da a luz un nuevo mundo 
en esperanza fecundo
es la luz del caminante 
de una vida por delante.
Una luz nos bastaría
para que amanezca el día, 
una pequeña linterna,
una luciérnaga interna, 
una estrella de alegría.
No las luces engañosas 
que seducen con su danza. 
Es la luz de la esperanza 
latente en pequeñas cosas 
ordinarias pero hermosas: 
hallar la estrella polar,
un faro que mira al mar, 
el nacimiento de un niño, 
el cuidado con cariño
y un camino por andar.                

Verónica y Deme nos desean FELIZ NAVIDAD 2022
con ESPERANZA Y ALEGRÍA
a pesar de todo.

domingo, 18 de diciembre de 2022


EL SUEÑO DE DIOS Y NUESTRO SUEÑOS

Celebración CCP Zaragoza 17 Diciembre 2022



No podemos vivir sin sueños. Son la señal de que estamos viv@s.
Y Dios también tiene sus sueños…
Lo sabemos por Jesús, y lo sabemos por el misterio de la
encarnación.
¿Qué nos quiere decir este loco afán de Dios de querer mezclarse
con lo nuestro, sino mostrar la evidencia del gran sueño del Dios
de Jesús de unirse hasta el fondo a nuestro caminar humano?
Podríamos vivir el Adviento y la Navidad como el tiempo en
que contemplamos el sueño que Dios acaricia: el de unirse a lo
nuestro para que eso, tan humilde, cobre otro brillo y tenga
horizonte. Esto nos conectará con todos los sueños que han
tenido y tienen las personas a lo largo de la Historia.


viernes, 16 de diciembre de 2022



Nadie puede salvarse solo.

Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz

«Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche» (Primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses 5,1-2).

1. Con estas palabras, el apóstol Pablo invitaba a la comunidad de Tesalónica, mientras esperaban su encuentro con el Señor, a permanecer firme, con los pies y el corazón bien plantados en la tierra, con capacidad de una mirada atenta a la realidad y a los acontecimientos de la historia. Por eso, aunque los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, orienta nuestro camino. Con este ánimo san Pablo exhorta constantemente a la comunidad a estar vigilante, buscando el bien, la justicia y la verdad: «No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios» (5,6). Es una invitación a permanecer despiertos, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras.

2. El COVID-19 nos arrastró en medio de la noche, desestabilizando nuestra vida ordinaria, revolucionando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros.

El mundo sanitario, inmerso en una vorágine de desafíos inesperados y en una situación que no estaba del todo clara ni siquiera desde el punto de vista científico, se movilizó para aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio; al igual que las autoridades políticas, que tuvieron que tomar medidas drásticas en materia de organización y gestión de la emergencia.

Junto con las manifestaciones físicas, el COVID-19 ha provocado —también con efectos a largo plazo— un malestar generalizado que ha calado en los corazones de muchas personas y familias, con secuelas a tener en cuenta, alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.

Además, no podemos olvidar cómo la pandemia ha tocado la fibra sensible del tejido social y económico, sacando a relucir contradicciones y desigualdades. Ha amenazado la seguridad laboral de muchos y ha agravado la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, sobre todo la de los más débiles y la de los pobres. Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento.

Rara vez los individuos y la sociedad avanzan en situaciones que generan tal sentimiento de derrota y amargura; pues esto debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo. En este sentido, la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias.

3. Transcurridos tres años, ha llegado el momento de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar —de forma personal y comunitaria—; un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”. Ya he dicho varias veces que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores. Hoy estamos llamados a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido de esta situación pandémica? ¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor?

Ciertamente, después de haber palpado la fragilidad que caracteriza la realidad humana y nuestra existencia personal, podemos decir que la mayor lección que nos deja en herencia el COVID-19 es la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo. Por tanto, es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de esta fraternidad humana. También hemos aprendido que la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz. En nuestro acelerado mundo, muy a menudo los problemas generalizados de desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos, y generan violencia e incluso guerras.

Si, por un lado, la pandemia sacó todo esto a relucir, por otro, hemos logrado hacer descubrimientos positivos: un beneficioso retorno a la humildad; una reducción de ciertas pretensiones consumistas; un renovado sentido de la solidaridad que nos anima a salir de nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás y a sus necesidades; así como un compromiso, en algunos casos verdaderamente heroico, de tantas personas que se han entregado para que todos pudieran superar mejor el drama de la emergencia.

De esta experiencia ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos. De hecho, las respuestas más eficaces a la pandemia han sido aquellas en las que grupos sociales, instituciones públicas y privadas y organizaciones internacionales se han unido para hacer frente al desafío, dejando de lado intereses particulares. Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales.

4. Al mismo tiempo, en el momento en que nos atrevimos a esperar que lo peor de la noche de la pandemia del COVID-19 había sido superado, un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad. Fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables. La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada hacia todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.

Ciertamente, esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos. De hecho, esta guerra, junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas. Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han encontrado soluciones adecuadas para la guerra. Ciertamente, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado (cf. Evangelio de Marcos 7,17-23).

5. ¿Qué se nos pide, entonces, que hagamos? En primer lugar, dejarnos cambiar el corazón por la emergencia que hemos vivido, es decir, permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo y de la realidad a través de este momento histórico. Ya no podemos pensar sólo en preservar el espacio de nuestros intereses personales o nacionales, sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario, es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal. No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común.

Para lograr esto y vivir mejor después de la emergencia del COVID-19, no podemos ignorar un hecho fundamental: las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas que padecemos están todas interconectadas, y lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros. Así pues, estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión. Debemos retomar la cuestión de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades. Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.

Al compartir estas reflexiones, espero que en el nuevo año podamos caminar juntos, atesorando lo que la historia puede enseñarnos. Expreso mis mejores votos a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.

Vaticano, 8 de diciembre de 2022

FRANCISCO