“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijas e hijos de Dios” (Mt 5,9)"
Derechos humanos, paz y espiritualidad frente a la agresión imperial: Venezuela y el riesgo para toda la humanidad
Cuando una potencia imperialista, como los Estados Unidos, decide intervenir militarmente, no lo hace para proteger derechos humanos, sino para imponer de modo inhumano sus intereses estratégicos, económicos y geopolíticos.
Los hechos ocurridos el 3 de enero —una agresión militar directa de los Estados Unidos contra territorio venezolano, acompañada del secuestro de Maduro y su esposa, el asesinato de personas y ataques a infraestructuras— han sido denunciados por amplios sectores académicos, sociales y políticos como una acción injustificada y contraria al derecho internacional. Más allá de las diferencias políticas internas venezolanas, estamos ante un acontecimiento que interpela de lleno a los derechos humanos, la paz mundial y la ética de nuestro tiempo.
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Desde la ética de los derechos humanos, esto supone una regresión histórica. Se debilitan principios fundamentales como la soberanía, la autodeterminación de los pueblos y la prohibición del uso de la fuerza, pilares construidos tras la Segunda Guerra Mundial para evitar que la humanidad repitiera sus peores tragedias.
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Espiritualidad y paz: una voz necesaria
Desde una espiritualidad comprometida hay que señalar que la paz no es un concepto abstracto ni una consigna ingenua. La paz es una exigencia ética radical que implica justicia, verdad y respeto entre los pueblos. No puede construirse sobre la humillación, el saqueo de los recursos, el castigo colectivo ni la ley del más fuerte.
Toda espiritualidad auténtica reconoce que la vida humana es sagrada, también la vida del pueblo venezolano. Por eso, no puede bendecir guerras “preventivas”, ni justificar agresiones militares en nombre de una supuesta democracia impuesta a sangre y fuego.
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