jueves, 7 de mayo de 2026

 


PRONUNCIAMIENTO CONTRA LA GUERRA EN LA MANIFESTACIÓN DEL 7 DE MAYO

Hoy nos manifestamos en un momento en que la historia parece repetirse bajo las sombras más oscuras del pasado. Vivimos tiempos preocupantes que amenazan el bienestar y el futuro de los pueblos. Estamos aquí por solidaridad con quienes sufren la guerra, pero también porque rechazamos su lógica y asumimos la responsabilidad de ser parte activa de la solución.

El mundo atraviesa múltiples conflictos, desde África hasta América Latina y Europa, con especial gravedad en Oriente Medio. Al prolongado genocidio que sufre el pueblo palestino se suman las intervenciones militares contra Irán y el Líbano. Estas acciones responden a un sistema en crisis que ha normalizado la violencia al servicio del poder y los intereses económicos.

La AGRESIÓN IMPERIALISTA de los Estados Unidos e Israel contra IRÁN y el Líbano, junto con el genocidio del pueblo palestino, constituye una grave violación del derecho internacional, de la soberanía de los pueblos, de la paz en Oriente Medio y del orden mundial, sustituyendo el derecho por la ley del más fuerte, ante la pasividad cómplice de la comunidad internacional

Las guerras son un crimen contra la humanidad y esta guerra, además, ha sido orquestada al margen de la legalidad internacional que, incluso, desafía límites legales internos, al no contar con autorización expresa del Congreso estadounidense.

Esta guerra, cuyo objetivo es el control de los recursos energéticos y la destrucción del único país capaz de impedir el proyecto expansionista de Israel, provoca muertes, desplazamientos masivos, destrucción de infraestructuras y una creciente desestabilización global, con el riesgo de convertirse en un conflicto bélico a escala mundial.

CONDENAMOS ROTUNDAMENTE estas agresiones criminales y EXIGIMOS un alto el fuego inmediato y permanente, el respeto al derecho internacional, el fin del genocidio del pueblo palestino y el derecho de los pueblos a decidir su futuro, así como el cumplimiento del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas y, en particular, a la Unión Europea la suspensión del acuerdo de asociación con Israel. Así mismo, condenamos el acto de piratería ejecutado por el ejército israelí contra la flotilla Global Sumud y exigimos la liberación inmediata de Saif AbuKeshek y Thiago Avila.

DENUNCIAMOS el imperialismo y el uso de la guerra como herramienta de dominación. Las guerras no traen democracia ni libertad, sino muerte y sufrimiento. La paz solo puede construirse mediante el diálogo y la cooperación.

DENUNCIAMOS igualmente el negocio de la guerra, el militarismo y las organizaciones que lo sostienen y alimentan, donde las grandes corporaciones tecnológicas del mundo y el complejo armamentístico se están enriqueciendo, como lo ha admitido con cinismo el propio Trump. Los conflictos bélicos han conducido al mundo a un rearme sin precedentes en los últimos años. El aumento del gasto militar significa recortes para la lucha contra el cambio climático y en detrimento de la mejora de los servicios públicos. Mientras se promueve la guerra, se debilitan las políticas que garantizan la vida digna. Por eso reclamamos un compromiso firme con el desarme nuclear y con una política de diálogo, cooperación y diplomacia, ajena a la lógica de los bloques militares y a la confrontación y a la resolución pacífica de los conflictos entre los pueblos.

EXIGIMOS a nuestros gobiernos que no incrementen el gasto militar ni impulsen la industria armamentística. Ni España ni Aragón deben destinar sus políticas públicas y recursos al fomento de la industria de la guerra.

AFIRMAMOS que las guerras afectan de forma especialmente grave a mujeres y niñas, aumentando la violencia, la explotación y la desigualdad.

OPONERNOS a las guerras también significa cuidar la vida de la gente en todas sus dimensiones, porque sus efectos repercuten directamente en la vida de las personas, en mayor medida en las rentas más bajas, y del planeta. La agresión contra Irán está provocando ya una crisis económica y social de dimensiones inciertas. La escalada de precios del petróleo y del gas amenaza con un incremento de la inflación que afectará al precio del transporte, de los alimentos y de la vivienda y a la sostenibilidad de la vida en general.

Es necesaria la consolidación de un orden jurídico internacional dotado de tribunales con la capacidad real de procesar a quienes conviertan a las poblaciones civiles en objetivos militares, vulnerando su integridad y sometiéndolas al exterminio. Y exigimos se cumplan las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu y su gobierno.

El mundo no es el que conocíamos. La imposición de las armas frente a la diplomacia, el debilitamiento del multilateralismo, las tensiones comerciales, la crisis climática, energética y de otros recursos están marcando un nuevo rumbo geoestratégico. Si no logramos frenar la espiral de odio, destrucción y belicismo actual, nos precipitaremos hacia un escenario desconocido donde cualquier situación será posible. Y donde solo los más poderosos serán los beneficiados.

URGIMOS a redoblar los esfuerzos para abrir nuevos caminos hacia un orden global basado en la cooperación y la democracia, sostenido en la afirmación práctica de los derechos humanos y en el reconocimiento efectivo de la dignidad de cada ser humano y de todas las personas.

Ante esta situación, LLAMAMOS a las fuerzas democráticas y a la ciudadanía a reaccionar frente la escalada bélica, porque resulta imprescindible mantener la tensión de movilización unitaria y amplia de la sociedad, presionando a nuestros Gobiernos e instituciones, desde Bruselas a los ayuntamientos, para que rompan relaciones comerciales, culturales, deportivas… con el gobierno de Netanyahu y para apostar por la autonomía y soberanía europea.

Solo una respuesta colectiva y sostenida puede abrir el camino hacia un mundo más justo, democrático y en paz.

Con nuestro compromiso firme con la paz y los derechos humanos, gritamos:

¡NO A LA GUERRA!

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